Ricardo Ávila
retrospectiva

Problema de credibilidad

La semana que termina trajo consigo la ratificación de que el talante de los colombianos sigue siendo pesimista, por una amplia mayoría.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
septiembre 04 de 2017
2017-09-01 07:37 p.m.
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La semana que termina trajo consigo la ratificación de que el talante de los colombianos sigue siendo pesimista, por una amplia mayoría. Así lo señaló el más reciente Gallup Poll, según el cual la percepción es que la corrupción ha aumentado, mientras la inseguridad está presente, la economía se deteriora y la calidad del servicio de salud empeora. Esos cuatro factores, que pesan tanto en la calificación negativa de la realidad, se combinan con un bajo ánimo en las tres capitales más grandes: Bogotá, Medellín y Cali.

Semejante actitud tiene claros efectos sobre la economía. En la medida en que la gente observa la situación con un lente oscuro es más difícil que los niveles de consumo empiecen a mejorar, pues la propensión a gastar cae. Así lo confirman los datos más recientes, según los cuales la demanda de los hogares anda a un ritmo mucho más bajo que la del Gobierno.

Conseguir que la confianza aumente debería formar parte de cualquier estrategia de reactivación. La dificultad es que en esta materia importan más los elementos subjetivos que los objetivos. Que las personas crean que el futuro va a ser más amable no necesariamente depende de que disminuyan las tasas de interés o suba el precio del petróleo, sino de la credibilidad en gobernantes e instituciones.

A la luz de esos elementos, es indudable que la época electoral no ayuda. Si algo dejan claro los sondeos con respecto a quién será el próximo Presidente, es que nada está claro. Una encuesta mostró que hay siete aspirantes en los primeros lugares, todos a corta distancia uno del otro: el primero registra 12% de las intenciones de voto y el último del grupo, 5%.

Por otro lado, el destape de la olla podrida de la corrupción lleva a más de un ciudadano a considerar que todo está perdido. Así el argumento sea que las instituciones por fin están poniendo a los venales contra las cuerdas, es fácil deprimirse ante la convicción de que la cultura del dinero fácil infiltró a las tres ramas del Poder Público. En consecuencia, no será sencillo convencer a la mayoría de que el vaso está medio lleno y no medio vacío.

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