Ricardo Ávila
Opinión

Riesgo evidente

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
marzo 21 de 2016
2016-03-21 08:03 p.m.
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Nada hace pensar que en el futuro, e independientemente de los gobiernos que vengan, Colombia se salga de la línea fijada la semana pasada por el presidente Juan Manuel Santos, con respecto a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Como es sabido, la Casa de Nariño optó el jueves pasado por no comparecer ante el tribunal de La Haya, después de que este se declaró competente para estudiar un par de demandas presentadas por Nicaragua, las cuales comprometen al archipiélago de San Andrés y Providencia, al igual que nuestra soberanía en el mar Caribe.

Si bien la unanimidad en el respaldo en torno al pronunciamiento del Ejecutivo ha sido total en el ámbito político y empresarial, en la comunidad académica la reacción es diferente. Más de una voz señala que el país acaba de romper con una larga tradición de apego a los tratados multilaterales que le puede salir cara en el futuro.

Bajo esta postura, podríamos ser sancionados eventualmente si en espacios como los de Naciones Unidas toman forma mecanismos –hoy inexistentes– para sancionar a aquellos que desconocen los pronunciamientos de sus cuerpos. Quizás con excepción de las actuaciones del Consejo de Seguridad, las penas por ignorar una sentencia o una resolución son leves, para decirlo de manera suave.

Y aunque el riesgo es evidente, la cruda verdad es que al hacer rancho aparte, Colombia acaba alineada con las grandes potencias, que son las primeras en desestimar un fallo en las instancias internacionales cuando este les resulta adverso. Basta con recordar la actitud de Francia tras ser condenada por sus pruebas nucleares en el Pacífico, o la de Estados Unidos después de la sanción que recibió por el minado del golfo de Fonseca en Nicaragua, durante la época de los contras y los sandinistas.

Más recientemente, hay un tema que genera permanente atención en las grandes capitales. Se trata de la actitud de Pekín con respecto a una serie de disputas surgidas en el mar de China, por el cual pasa gran parte del comercio mundial. De manera consistente, la nación más populosa del mundo viene poniendo en marcha actitudes francamente expansionistas que le han creado roces, prácticamente con todos sus vecinos.

Por ejemplo, es de esperar que los chinos pierdan el proceso que les inició Filipinas ante la CIJ, por cuenta de ignorar los reclamos de soberanía de Manila en las que considera sus aguas. Desde un comienzo, la dirigencia del país comunista determinó ausentarse del juicio, aparte de dejar en claro que ignorará el veredicto sin importar lo que este diga.

Además, Pekín parece haber puesto en práctica aquella máxima del fútbol según la cual la mejor defensa es el ataque. En meses recientes, se ha encargado de convertir en islas los que eran poco más que bajos, para así no solo fundamentar sus pretensiones territoriales, sino tener puntos físicos que pueden ser usados para propósitos militares. Ello incluye no solo la edificación de instalaciones, sino la construcción de al menos una pista aérea, algo que cayó muy mal en Vietnam o Malasia, aparte de Washington y Tokio.

De vuelta a estas latitudes, Colombia mantendrá un diferendo con Nicaragua que puede durar décadas, a menos que Bogotá y Managua se sienten en un espacio bilateral a negociar un tratado que deje satisfechas a ambas partes. El ambiente para que eso suceda pronto es inexistente, pues tal como están las cosas tenemos todo para perder y los nicaragüenses, todo para ganar.

Para que esa percepción cambie, el tiempo tiene que transcurrir. Nosotros seguiremos ejerciendo presencia en el espacio caribeño que nos pertenece, según la Constitución y las leyes colombianas, mientras que Daniel Ortega podrá decir que obtuvo victorias que serán pírricas, a menos que tengan aplicación práctica. Es de imaginar que en algún momento las cosas cambiarán, pero ese punto se ve lejano porque aquí no hay afán de llegar a un nuevo escenario y allá no hay cómo precipitar los acontecimientos.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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