Ricardo Ávila
brújula

Vientos de agosto

Falta ver si el fin de la incertidumbre asociada al plebiscito sirve para darle otro empujón a una economía que no pierde su capacidad de sorprender.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
octubre 02 de 2016
2016-10-02 06:09 p.m.
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Era sabido que el desempeño de la economía colombiana en julio distó de ser el ideal, por cuenta de eventos inesperados como el paro camionero que golpeó con dureza al sector productivo. Debido a esas circunstancias, entidades como el Banco de la República revisaron hacia abajo el pronóstico de crecimiento para el 2016, pues parte del terreno perdido se considera irrecuperable.

Aun así, algunos pocos señalaron que en agosto podría presentarse un rebote por cuenta de despachos retenidos o la necesidad de retomar el ritmo extraviado. Todo indica que ese acabó siendo el caso, como lo sugieren dos reportes entregados por el Dane el viernes pasado.

El primero fue el comportamiento de las exportaciones que, por fin, volvieron a subir tras dos años de declives. La mejora -del 7 por ciento- parece menor, pero significa un cambio de tendencia bienvenido, pues lleva a pensar que las ventas externas del país tocaron piso.

Parte de la recuperación está relacionada con pedidos pendientes, pero en otros casos da la impresión de que la demanda externa reacciona. El elemento más alentador es la mejora en el capítulo de bienes industriales, que experimentó un salto del 22 por ciento en dólares. No menos importante es el comportamiento del desempleo durante el mismo mes, pues el índice de desocupación a nivel nacional se ubicó en 9 por ciento, una décima menos que en el mismo periodo del 2015. Para los conocedores no pasará desapercibido que la población ocupada aumentó en 272.000 personas, lo cual le debería dar una mano a la demanda interna que es el verdadero motor de la actividad económica.

Ante esas estadísticas generales no faltarán quienes señalen que las cosas podrían haber resultado peores si se hubiera mantenido la misma participación laboral de hace un año. Igualmente, el balance de las 13 áreas metropolitanas más grandes dista de ser el mejor, pues lo que realmente pasó es que la oferta de trabajadores disminuyó.
No obstante, también es verdad que las perspectivas eran mucho más oscuras. La catástrofe anunciada por las casandras que surgen en tiempos de desaceleración, no se produjo, con lo cual hay motivos para esperar que el bache reciente alcance a superarse. Falta ver si el fin de la incertidumbre asociada al plebiscito sirve para darle otro empujón a una economía que no pierde su capacidad de sorprender.

ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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