Ricardo Rojas Parra
columnista

China y la economía global

La crisis mundial del petróleo en el último año, sumada a las dificultades de los mercados domésticos han originado la desaceleración económica.

Ricardo Rojas Parra
Opinión
POR:
Ricardo Rojas Parra
agosto 18 de 2016
2016-08-18 10:18 p.m.
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La crisis mundial del petróleo en el último año, sumada a las dificultades de los mercados domésticos han originado la desaceleración económica más grande en los últimos 25 años de la República Popular de China. El país asiático reportó un crecimiento del PIB del 7 por ciento en el 2015, cuando este había estado creciendo alrededor del 10 por ciento en las últimas décadas.

Lo más preocupante es que esta situación no solo ha tenido repercusiones dentro del país, sino que también ha afectado a la economía global. La pregunta que se hacen los analistas es si esta desaceleración va a afectar permanentemente a la economía mundial.

En las últimas décadas, China ha sido el motor de crecimiento de la actividad económica en el mundo. Las exportaciones chinas representan el 13,8 por ciento del total del comercio mundial en el 2015, según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Empleo, y son lideradas, principalmente, por la industria manufacturera. A esto se suma que la gran mano de obra en este país permite una alta productividad en los bienes de exportación. Ahora bien, China no es solamente la segunda potencia económica en términos de producción, sino que representa un inminente consumo de commodities en el mercado mundial. Según Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, el bajo desempeño del crecimiento chino será una causa fundamental de la desaceleración económica mundial.

Sin embargo, los dirigentes chinos no se han quedado de brazos cruzados ante tal situación. El zar económico Li Keqiang, en la última Asamblea Popular Nacional de China, afirmó que la economía nacional debía transformarse de una basada en las exportaciones e inversión pública a una de mayor consumo interno, y apoyada en el sector de servicios. La tecnología, inversión y el incremento del consumo de la clase media deberán ser los nuevos pilares de la estabilidad económica en el largo plazo, según el dirigente chino.

Este proceso de transformación ha despertado un temor internacional ante la incertidumbre. China debe no solo transformar su actividad económica, sino también su situación social para mantenerse como potencia económica mundial. Si el país asiático logra realizar reformas estructurales que permitan reducir la desigualdad, mejorar la movilidad laboral y generar una política demográfica para frenar el envejecimiento de la población, entre otras cosas, China seguirá siendo un impulsador de la actividad económica mundial.

Ricardo Rojas Parra
Economista - Profesor universitario
riropa@gmail.com

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