Ricardo Rojas Parra
columnista

La tierra en Colombia

Se debe inventariar la propiedad rural, gravar las tierras no productivas y usar baldíos para garantizar tierras para campesinos y desplazados.

Ricardo Rojas Parra
POR:
Ricardo Rojas Parra
enero 09 de 2017
2017-01-09 06:46 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc3378e33d.png

La paz en Colombia no llega con la firma de un documento. Si bien este es un gran paso para lograr ese objetivo, el país requiere cambios estructurales.

Uno de estos cambios está asociado a la tenencia de la tierra. El coeficiente de Gini (que mide desigualdad) de la concentración de tierras en Colombia es de 0,86, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

Este es casi el doble del valor para la misma medición de ingresos, que además nos posiciona como la decimosexta nación más desigual del mundo bajo este parámetro.
La situación de la tierra en Colombia es crítica. Gran parte de estos terrenos que pertenecen a pocas manos no hacen parte de proyectos productivos, es decir, proyectos agroindustriales.

Según la Dian (con cifras del el 2015), 23 millones de hectáreas en Colombia tienen capacidad productiva y tan solo 7 millones son explotadas. Esto se debe en gran parte a la acumulación de tierra por parte de particulares y a la expropiación por parte de grupos al margen de la ley.

En un escenario de posconflicto, es muy importante promover el desarrollo de la producción agroindustrial en estos terrenos por varias razones. Entre otras, para mejorar la productividad del sector agrícola reduciendo la dependencia con respecto a otros países para este tipo de productos, o la generación de empleo en poblaciones rurales.
Entidades como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) están siempre dispuestas a aportar capital para estos procesos productivos.

En un escenario de posconflicto en donde aquellos que trabajan la tierra no están constantemente preocupados por las garantías de su propiedad, los pobladores rurales pueden hacer inversiones de largo plazo que actualmente casi no se realizan, y que pueden generar grandes retornos, tanto para la población rural como para el país.

Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, las lecciones para el país son claras: primero, se debe hacer un inventario detallado de la propiedad rural, incluyendo la capacidad productiva de las tierras.

Segundo, se debería gravar con más fuerza aquellas tierras que no hacen parte de procesos productivos. Tercero, hacer uso de los terrenos baldíos con el fin de garantizar el derecho a la propiedad de los campesinos y desplazados, y ayudar a esta población en el desarrollo de proyectos agroindustriales que pueden traer grandes retornos para toda la población en el largo plazo.

Ricardo Rojas
Economista y profesor universitario.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado