Ricardo Rojas Parra

La construcción de los destinos no residenciales

Ricardo Rojas Parra
Opinión
POR:
Ricardo Rojas Parra
junio 27 de 2014
2014-06-27 12:39 a.m.
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La industria de la construcción es reconocida por ser uno de los motores de crecimiento económico de Colombia.

Tanto la edificación de áreas residenciales como la de espacios no residenciales aportan de manera importante al desarrollo socioeconómico del país y han venido presentado una dinámica favorable que vale la pena destacar.

En el caso particular de los destinos no residenciales, según Camacol, el crecimiento anual acumulado del área en metros cuadrados licenciada para este subsector fue de 7,3 por ciento hasta agosto del 2013, y el balance para dicho año contabilizó 5’652.438 de metros cuadrados en 77 municipios analizados, es decir, un aumento de 21,9 por ciento con respecto al 2012.

De manera desagregada, las categorías de administración pública, oficinas y hospitales tuvieron la mayor alza anual (85,2; 79,2 y 77,6 por ciento, respectivamente), mientras que la construcción de áreas sociales –recreacionales, industria y hoteles– presentaron variaciones negativas (-50,2; -20,5 y -4,8 por ciento, respectivamente).

Pero más allá de su crecimiento y de la contribución que la edificación de los destinos no residenciales pueden hacerle al PIB del país, la creación de nuevos espacios que mejoran las condiciones de vida de los colombianos, que renuevan la imagen de las ciudades, que transforman las áreas urbanas deterioradas por el paso del tiempo y que optimizan el uso del suelo genera un valor intangible e incalculable sobre el bienestar social de la población.

Por esa razón, la puesta en marcha de obras civiles con carácter no residencial debe estar en la agenda de las administraciones locales y nacionales.

Su construcción requiere, en primer lugar, como lo afirma Santiago Klein –asesor de proyectos de infraestructura y desarrollo urbano a nivel internacional–, la existencia de un equilibrio entre armonía, calidad y, sobre todo, funcionalidad de las edificaciones.

De esa manera, no solo el diseño de la infraestructura es importante, sino también el impacto que esta tiene en la sociedad entra a jugar un papel relevante, que es justamente lo que buscan los gobiernos con su construcción.

En segundo lugar, es fundamental definir cómo serán construidas.

Al respecto, un esquema en el cual se asocie el sector público con el privado (Asociaciones Público-Privadas) puede ser una alternativa eficiente a considerar.

Este modelo, implementado en países como México y Reino Unido, ha mostrado ventajas, en términos de financiación, manejo de riesgos y cumplimento de resultados, que hace que los proyectos asignados en este tipo de concesiones generen los beneficios socioeconómicos esperados con su edificación.

En ese sentido, habiendo una ley que establece la reglamentación sobre esta clase de asociaciones en Colombia (Ley 1508 de 2012), valdría la pena comenzar a aplicar más ampliamente este modelo a obras distintas a las de infraestructura de transporte, siendo esta herramienta una oportunidad para prestar mejores servicios a la comunidad más que para desarrollar simplemente activos físicos.

Ricardo Rojas Parra

Economista - Profesor universitario

riropa@gmail.com

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