Ricardo Rojas Parra
columnista

Construcción; trascender en la estrategia

Aunque en el segundo semestre se ha observado un modesto repunte en el sector de hidrocarburos, esta actividad sigue siendo una debilidad más que una ventaja.

Ricardo Rojas Parra
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Ricardo Rojas Parra
noviembre 14 de 2017
2017-11-14 07:22 p.m.
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Aunque en el segundo semestre del 2017 se ha observado un modesto repunte en el sector de hidrocarburos, viendo incluso aumentos en la cotización, ausente desde el 2015, esta actividad económica, que muchos denominarían la pieza reina de la estrategia nacional, sigue siendo una debilidad más que una ventaja. La dependencia de Colombia en este sector no puede continuar como ha sucedido en la última década, no después de observar la vulnerabilidad que tiene un país poco competitivo en este ámbito frente a decisiones unilaterales de los grandes jugadores en el mundo, más aún cuando el petróleo colombiano se aferra, agónico, a menos de un lustro de reservas.

En este panorama, no tan agradable, Colombia tiene un as bajo la manga que merece mucha más atención: el sector de la construcción. Como muestra la Cámara Colombiana de la Construcción, aunque en principio parezca obvio, las tendencias poblacionales mundiales se proyectan hacia lo exclusivamente urbano en los próximos 10 años, llegando a proporciones del 60 por ciento de población en estas condiciones, y creciendo con un ritmo cada vez más vertiginoso.

Por otro lado, pese al fuerte impacto del sector minero-energético, que afectó a los demás sectores nacionales, la construcción siguió creciendo por encima del ritmo de la economía (3,7 por ciento en el 2015 y 4,1 por ciento en el 2016, comparado con 2 y 3,1 por ciento del PIB en los mismos años), junto con el ramo de servicios financieros (5,1 y 5,0 por ciento para ambos años). Una de las principales críticas que ha recibido este sector es su alta dependencia del espacio licenciado para la ejecución de sus actividades (el cual tuvo una caída importante de 18,5 por ciento anual, a finales de 2016), comparándolo con los recursos no renovables. Sin embargo, esto demerita el potencial de innovación que tiene para las construcciones ya existentes y las futuras, además del impacto social que en su diseño y evolución promete para los próximos años.

Un ejemplo de este potencial nacional es el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible, que personifica la tendencia mundial de emigrar a tecnologías sostenibles, que los hidrocarburos no pueden lograr, pero la construcción sí. Esta organización agrupa a más de 200 instituciones empresariales y académicas que buscan potenciar el factor de renovación, eficiencia y responsabilidad de metodologías, como construcción verde, viviendas con uso de energías renovables, materiales reciclados y readaptados, mediante certificaciones con estándares internacionales y capacitaciones en últimas tendencias globales en sostenibilidad.

No obstante, para que esto funcione, el sector debe trascender la estrategia de concentrarse en las viviendas de interés social y los subsidios para créditos de vivienda de los últimos años. En este sentido, es necesario pasar a competir en el plano mundial con nuevas tecnologías adaptadas territorialmente, propuestas como la de empresas colombianas que transforman empaques, residuos electrónicos, y otros en sistemas constructivos de vivienda digna. La evolución de la construcción nacional promete un desarrollo sostenible para posicionar al país.

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