Ricardo Rojas Parra

La economía australiana

Ricardo Rojas Parra
Opinión
POR:
Ricardo Rojas Parra
febrero 11 de 2016
2016-02-11 07:15 a.m.
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Si bien en la actualidad se han presentado cambios económicos que han afectado a varios países, la economía australiana sigue manteniéndose sólida a nivel macro. Por un lado, la inflación presenta una tendencia decreciente desde el 2010, con niveles máximos de 2,9 por ciento en los dos últimos años. Sin embargo, no son tan bajos. Según cifras del Banco Central Australiano, la última inflación reportada para el 2015 fue de 1,5 por ciento. Junto a ella, la tasa de interés presenta una situación similar: bajas y estable a la baja. Estos dos indicadores exponen una economía con bases sólidas que dinamicen su crecimiento.

De hecho, este entorno macroeconómico lo hace llamativo para otros países que buscan invertir. Una razón es el interesante potencial económico que existe para los agentes principales de la economía. Por un lado, se vislumbra un movimiento en el consumo de los hogares en el que no se restringe el dinero que circula en la economía. Para los inversionistas extranjeros, existen incentivos para invertir en el país, puesto que la inflación baja y estable disminuye la incertidumbre en el largo plazo. Cabe resaltar, que a diferencia de otros países donde se vislumbra una posible deflación y, paulatinamente, la inflación se reduce a niveles peligrosamente bajos, el Banco Central Australiano ha mantenido un colchón estable y activo.

Un aspecto que ha llamado la atención sobre la estabilidad económica ha sido la lenta desaceleración de su principal país exportador e importador, China. Según el Observatorio de Complejidad Económica (OEC, por sus siglas en inglés), el gigante asiático tiene una participación del 36 por ciento de sus exportaciones, seguida de Japón, con el 17 por ciento, y Corea del Sur, con el 7,4 por ciento. Entre las importaciones que realiza Australia, China también lidera el listado con un porcentaje del 20 por ciento del total, seguido por Japón, con 8 por ciento, y Singapur, que representa el 5,4 por ciento. Esa desaceleración ha generado una respuesta que devalúa el yuan, por lo cual las importaciones que realiza Australia de ese país resultan más costosas, en términos comparativos.

Globalmente, las perspectivas económicas para Australia en el 2016 muestran un panorama positivo en una región con un ritmo menor. En ese sentido, el país puede concentrar sus esfuerzos en temas de crecimiento y no de recuperación. En la medida en que la situación macroeconómica tenga campo de acción, la política monetaria puede seguir actuando y cumpliendo su función. Precisamente este es el caso de Australia.

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