Ricardo Santamaría

La paz es generosa

Ricardo Santamaría
Opinión
POR:
Ricardo Santamaría
marzo 10 de 2016
2016-03-10 09:47 p.m.
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Ser generoso es reconocer al otro. Es ser capaz de ir más allá de mis necesidades y la forma como yo creo que funciona el mundo, para admitir que hay otras visiones, otros sufrimientos y otras necesidades.

Del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, me impresiona algo en particular, y es su manera simple y directa de explicar sus decisiones más trascendentales. Cuando, en el ultimo discurso de la Unión ante el Congreso de su país, habló de las razones que lo llevaron a tomar la decisión de abrir relaciones diplomáticas con Cuba, el archienemigo de su país en las últimas cinco décadas, dijo un par de argumentos simples y claros: “50 años son suficientes de una política fallida que no lograron promover la democracia en Cuba”. Y con este planteamiento, le pidió a los legisladores levantar el embargo. No elaboró nada más ni habló de ideología ni de condiciones. No se rasgó las vestiduras ni pidió cárcel para Fidel y Raúl Castro. Simple y profundo.

Sobre la paz de Colombia se podría decir algo similar: 50 años son suficientes, no más guerra. Pero, por supuesto, hay otras mil razones para hacer la paz aquí y ahora: porque necesitamos dedicar nuestros mejores esfuerzos, políticas públicas y recursos a lo que verdaderamente importa: combatir la pobreza, mejorar nuestro sistema de salud, ampliar la cobertura y calidad de la educación, hacer carreteras.

No podemos seguir matándonos como salvajes por razones que ya no existen. Visto en perspectiva, sin duda, el caso Colombiano es uno de éxito: unas instituciones y una sociedad que enfrentaron y derrotaron los más duros desafíos terroristas, y lo hicimos en democracia. Es el momento de seguir adelante sin la amenaza de las bombas y los secuestros.

De todo el panorama de las negociaciones de la paz, el que más preocupa es que el Eln no quiera acogerse en serio a los diálogos. No creo que tengan la capacidad, como dicen algunos, de reemplazar a las Farc, una vez este grupo se desmovilice y se reintegre a la vida civil. Al contrario: sus días estarán contados si no escuchan el clamor de paz de Colombia y se acogen a la negociación seria y realista que les ofrece el Gobierno, en nombre de todos nosotros. Por una razón muy simple: porque 50 años de guerra son suficientes. No más. Creo que al final el Eln también será parte de la paz.

La paz no es debilidad, es fortaleza. Y, sobre todo, fortaleza de nuestra democracia y nuestros valores. Es el momento de la generosidad para con las víctimas del conflicto, las zonas que durante décadas han padecido abandono y violencia. Es la hora de la generosidad con las nuevas generaciones de colombianos que quieren iniciar sus vidas en un país en paz y sin los horrores y el miedo de la violencia.

Y es también la hora del perdón. Sin perdón no hay paz. Perdonar significa renunciar a la venganza, significa que seguimos con nuestras vidas construyendo un futuro mejor. Este último tramo de las negociaciones en La Habana será azaroso, porque así son los finales de negociaciones complejas. No hay que confundirse. Mantener el rumbo es lo esencial.

Y el rumbo es construir una cultura de reconciliación en Colombia, y, como lo está haciendo Obama con Cuba, cancelar, con toda determinación, un pasado y una etapa que terminó. No más violencia con argumentos políticos en Colombia.

Ricardo Santamaria
Analista
risasa1960@gmail.com

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