Ricardo Villaveces P.

Campanazo

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
febrero 21 de 2016
2016-02-21 06:40 p.m.
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La semana pasada, Colombia recibió un campanazo de alerta con la decisión de Standard & Poor’s de cambiar el pronóstico del país a negativo, pues constituye una seria advertencia sobre el serio riesgo que tenemos de perder la calificación de ‘grado de inversión’. Se trata de una muestra más sobre las realidades de la globalización, que hace evidente que las decisiones internas no están aisladas del resto del mundo. En concreto, el mensaje que es que hay muchos ojos observando lo que aquí se hace, y que, si bien puede haber razones internas para aplazar decisiones, el mundo no va a ver esto con buenos ojos, si ello supone tomar un camino que no es el más conveniente desde la óptica del buen manejo económico.

Está sobre la mesa la reforma tributaria que requiere el país para fortalecer sus finanzas y dar las señales correctas a unos inversionistas externos que resultan muy necesarios por la situación cambiaría que enfrenta el país, debido al desplome en los precios del petróleo. Es comprensible que el presidente no quiera abrir una discusión de ese tipo en un momento en el que la finalización de los diálogos de paz permite ver con optimismo la posibilidad de terminar el conflicto, pero no se puede tapar el sol con las manos.

Los colombianos nos habíamos acostumbrado a vivir como si fuéramos una nación rica, con una tasa de cambio que permitía desentenderse del sector productivo y aumentar de manera muy importante los consumos de productos importados. Los gobernantes empezaron a creerse el cuento de que esa situación, que permitía dar todo tipo de exenciones y programas asistencialistas, era producto solo del manejo que se le daba internamente a la economía, y olvidaron que el factor más relevante era el del comportamiento alcista en los precios de los productos básicos, especialmente petróleo y minería, que se convirtieron en el principal sustento de nuestro crecimiento.

Pues bien, esto se acabó y si no se toman medidas de fondo vamos a ver no solo desaceleración, sino inflaciones aún más elevadas que la actual, con todas las nefastas consecuencias que trae, junto con una tasa de cambio que puede desbordarse ante una pérdida de confianza de los mercados. Es cierto que esto generará un ajuste por la caída de las importaciones y el repunte de todos aquellos que se benefician de la devaluación, pero esto se demora. No se pude perder tiempo, de otro lado, en un escenario de posconflicto, que si bien va a ofrecer oportunidades, también exigirá muchos recursos.

Le guste o no al gobierno y a los ciudadanos, la reforma tributaria es una necesidad, y no se puede hacer populismo con ella, pues la realidad es que en temas como el del IVA, resulta evidente la necesidad de su modificación. La tarea del gobierno y el Congreso es la de estudiar a profundidad las recomendaciones de la Comisión e iniciar, cuanto antes, su trámite en el parlamento, buscando lo que más le convenga al país y no a los grupos de interés, que tratarán de favorecer solo sus conveniencias.

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