Ricardo Villaveces P.
columnista

Parafiscalidad

Esta figura, que nació con el café y con adaptaciones, se ha replicado y, en muchos casos, es un activo del cual no se puede prescindir.

Ricardo Villaveces P.
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Ricardo Villaveces P.
mayo 01 de 2017
2017-05-01 03:31 p.m.
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Mucho se habla del potencial del agro y la necesidad de su desarrollo, y son muchas las explicaciones de su retraso en las últimas décadas. Asuntos como las rentabilidades relativas, que favorecían de manera desigual al agro frente a los mercados financieros en los años 70 y 80, retrasaron la inversión en el campo en áreas como el de la maquinaria, el riego o la infraestructura de poscosecha y almacenamiento.

Luego, la apertura económica de los años 90, que llevó a la desaparición de cultivos como el trigo y la cebada, o a la fuerte reducción de otros como el algodón, la soya y el sorgo, ponen de presente los grandes desafíos que tiene este sector para su resurgimiento.

Si se mira en retrospectiva, hay factores particulares que han contribuido de manera muy relevante a no poder superar desafíos como los mencionados: en primer lugar, la existencia del conflicto. También los problemas en la comercialización, la falta de investigación y las deficiencias en la infraestructura de transporte.

Fueron muchos los campesinos desplazados y, de otra parte, los empresarios amenazados, secuestrados y boleteados, que tuvieron que manejar sus fincas por radioteléfono y reducir las inversiones al mínimo necesario. Y bien se conocen las historias de cómo resulta más barato traer productos de lejanos países, que transportarlos de las zonas de producción a los puertos colombianos, debido a la deficiente infraestructura vial que nos ha caracterizado.

Pues bien, la desactivación del conflicto es un hecho y así lo testimonian campesinos y empresarios que están haciendo presencia de nuevo en sus predios. La situación dista de ser perfecta, pero va progresando de manera significativa. De otra parte, Colombia está experimentando una gran transformación en materia de infraestructura vial por cuenta no solo de las vías 4G, sino de los cientos de obras que se vienen adelantando tanto a nivel nacional como departamental y municipal.

Desde este punto de vista, tareas muy importantes para el agro son la investigación, la asistencia técnica y la comercialización. En todas, la figura de la parafiscalidad, que nació con el café en los años 40 y con adaptaciones, se ha replicado y, en muchos casos, es un activo del cual el país no puede prescindir.

Sería muy largo hablar de cada fondo y sus posibilidades, tampoco se trata de defender el mal manejo que se les ha dado, en algunos casos, pero mal se haría en ‘vender el sofá’. Probablemente, pueden requerirse ajustes, pero sobre todo hay que aprovechar el potencial que tienen para promover la investigación o beneficiar a todos los productores de un sector en la comercialización, como ocurre en los ramos que han orientado sus fondos en tal dirección.

Hay que mejorar los sistemas de recaudo y dar más transparencia a su manejo, replicando las mejores prácticas. A los fondos les han surgido muchos enemigos, y los productores y gobiernos de turno tienen la obligación de defenderlos y mejorarlos. De otra forma, se incurriría en un alto costo institucional y en retrasos adicionales en el desarrollo rural.

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