Ricardo Villaveces P.
columnista

También es nuestro problema

Hoy, la anarquía y el desconcierto que despiertan los bandazos de Trump y su inexperiencia en asuntos de Estado solo generan preocupaciones.

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
agosto 04 de 2017
2017-08-03 09:32 p.m.
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De manera similar a la falta de dirigentes locales que piensen en el bien común y el largo plazo, frente a la turbulenta situación mundial, desconcierta la ausencia de un liderazgo que ponga por delante los intereses globales, que contribuya a solucionar los macroproblemas de lo que debería ser la agenda global y el logro de propósitos como los llamados Objetivos del Milenio. Más grave aún, frente a una situación tan dramática como la de Venezuela, que con los recursos y el potencial que tiene, está al borde del abismo; las acciones de la comunidad internacional han sido tímidas y el problema ha crecido de forma desmesurada. Las arbitrariedades que se cometen todos los días son cada vez más insólitas, y, si no fuera por que son reales, parecerían propias de una novela de dictadores de los años 50. Con frecuencia, se oyen voces diciendo que finalmente se va a acabar la paciencia de Estados Unidos y que ellos solucionarán el problema.

Después de la Guerra Fría, los ojos miraban a EE. UU. y, aunque hubieran podido hacer mucho más, sin duda, su peso específico le daba un papel determinante en mantener lo que se puede llamar el ‘orden mundial’. El multilateralismo, la defensa de valores democráticos, manejo responsable de las economías y un enfoque que privilegiaba la defensa de los derechos humanos reducían los riesgos de la anarquía y el caos en ese mundo unipolar que dejó la caída de la URSS.

Hoy, con la aparición de nuevos jugadores, que quieren disputarse esa supremacía como es el caso de Rusia y China, nos encontramos con un EE. UU. sin rumbo, que renuncia deliberadamente al liderazgo que el mundo le había reconocido en asuntos multilaterales y crecen los riesgos de un ajuste traumático en la definición de lo que tendrá que ser un nuevo orden mundial.

Sin duda, el surgimiento de EE. UU. como protagonista mundial estuvo vinculado a su papel en la Segunda Guerra Mundial, pero hay que recordar que entró a la guerra a regañadientes y solo Pearl Harbour llevó a Roosevelt a salir de esa posición aislacionista que había adoptado, a pesar de la evidente amenaza del nazismo. Cuando asumieron su papel se fueron al otro extremo y pretendieron entrar como conquistadores, como ocurrió en Francia, Filipinas y luego Japón. Poco a poco fueron moderando sus posiciones y contribuyeron al mantenimiento del orden mundial que surgió de la posguerra.

Hoy, la anarquía y el desconcierto que despiertan los bandazos de Trump y su inexperiencia en asuntos de Estado, solo generan preocupaciones. Cuando se oyen voces esperando que este país pueda desempeñar un papel relevante en la solución de temas críticos como el de Venezuela, parece evidente que esto no es más que ‘pensar con el deseo’ y que las soluciones tienen que ser locales o, a lo sumo, regionales. Colombia no puede hacerse a un lado y tendrá que asumir un papel cada vez más activo en la búsqueda de una solución a este gran problema, que es también el nuestro.

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