Ricardo Villaveces P.

Se acabó el tiempo

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
julio 26 de 2015
2015-07-26 11:48 p.m.
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Cualquier mirada a los procesos de negociación de paz en la historia, ponen de presente su complejidad y la dificultad que supone llegar a acuerdos, aun en temas que puedan parecer sencillos. Es claro que el escenario de la negociación para las partes, y, muy especialmente, para quien representa la institucionalidad, va mucho más allá de la mesa de conversaciones.

Lo que de por sí era difícil en procesos anteriores, se ha complicado mucho más por el proceso de globalización que incorpora estructuras, normas e instituciones foráneas, a lo que en el pasado era algo exclusivo del fuero interno de cada país. Sin duda, para el Gobierno que lleva la negociación, el reto es mayúsculo, pues, además de la presión propia del proceso, tiene la de la opinión pública, que, volátil, como siempre ha sido, puede ser una gran ayuda, o el principal obstáculo para alcanzar un resultado.

La oposición política siempre va a ser un factor que dificulta el asunto, pero, a su vez, es fundamental para evitar que se hagan concesiones excesivas por cuenta de la angustia que pone el calendario, sobre todo cuando la contraparte ha estado acostumbrada a ver el proceso con un sentido muy diferente del tiempo.

En fin, difícilmente alguien en Colombia podría oponerse a la idea de superar un conflicto tan costoso, prolongado e inútil. No se puede desestimar, sin embargo, el agotamiento de todas las partes, y, en particular, del ciudadano del común y de la opinión pública, que mira con más y más escepticismo todo lo relacionado con el tema, en la medida en que los días siguen pasando.

Por ello, resulta tan sensible e importante lo que pueda estar ocurriendo por estos días en el seno de las conversaciones de La Habana, pues parece que se está llegando a un punto de quiebre para que algo suceda. Y, lo que es importante, y así lo han dicho tanto De la Calle como el Presidente, es que una de las posibilidades es que se rompan las conversaciones. Sería lamentable y supondría más años de violencia y barbaridad por parte de quienes solo encuentran en el terrorismo la forma de expresarse.

Resulta irreal, de otro lado, que se puedan seguir prolongando las conversaciones de manera indefinida, sin que esto se traduzca en hechos tangibles de paz. Solo queda, entonces, esperar que las Farc hayan entendido que el tiempo se acabó y que, si bien el Presidente se la jugó a fondo por este propósito, a él también se le terminó el tiempo, pues el país ya no acompañaría una prolongación indefinida de conversaciones que, al menos para la opinión, no van para ninguna parte.

Es cierto que habrá que ‘tragarse algunos sapos’ para lograr el resultado, pero tanto Gobierno como guerrilla deben entender que el cansancio no da margen para grandes concesiones, y los acuerdos tendrán que resultar razonables para el conjunto del país, que ha vuelto a sentir la estupidez de las Farc al golpear a los más débiles, para demostrar que todavía están vivos.

Ricardo Villaveces P.
Consultor privado
rvillavecesp@gmail.com
 

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