Ricardo Villaveces P.

Es un aeropuerto ‘pichurrio’

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
julio 27 de 2014
2014-07-27 09:36 p.m.
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Un exalcalde recordado por sus frases ingeniosas, pero poco efectivo en el manejo de la ciudad calificó en su momento de “pichurrio” al que debería ser el flamante nuevo aeropuerto de la capital. Terminal que, por lo demás, dada la organización de las operaciones aéreas, es, en la práctica, el aeropuerto del país, pues son muy pocos los vuelos, cualquiera sea el origen o destino, que no pase por Bogotá o que no dependen de la operación del aeropuerto capitalino.

Después de tantas expectativas, tantos años y recursos era razonable que los colombianos esperáramos tener un aeropuerto de verdadera clase mundial. Pues bien, la desilusión empezó al ver que si bien el terminal internacional era mucho mejor que la vergüenza que era el antiguo Dorado, empezaban a aparecer las fallas. Insuficiencia de puentes de abordaje y largos periodos de espera una vez se aterrizaba ,por solo mencionar algunas deficiencias. Queríamos pensar, sin embargo, que una vez se abriera el terminal nacional, las cosas iban a operar mucho mejor.

Lamentablemente, esto no está ocurriendo. Las demoras siguen y el terminal en lugar de ser de clase mundial está lejos de esa posible calificación. No solo está ya congestionado, sino que faltan posiciones para desabordar, y hay esperas hasta de 20 minutos mientras llega un bus a trasladar a los pasajeros.

Las fallas son de muchos tipos, pero hay algo verdaderamente lamentable y es la ‘tugurización’ comercial que hicieron del aeropuerto nacional. Por un galimatías jurídico, el terminal internacional pudo contar con un comercio de buen nivel tanto por los espacios como por las características de los almacenes, mientras que en el terminal doméstico, por el contrario, lo que hay es una infinidad de pequeños locales y negocios con instalaciones propias de un ‘aeropuertico’ y no del principal aeropuerto del país.

La cosa es tan lamentable que, por ejemplo, la semana pasada en alguno de esos locales tenían un empleado motivando a la gente a entrar, de forma similar a lo que ocurre en lugares como la Carrera Décima en el centro de la capital, y lo único que faltaba era que empezara un payaso a hacer perifoneo. Las marcas más reputadas y demandadas por los usuarios del aeropuerto no han podido hacer presencia y en asuntos como los restaurantes hay que emprender largas caminatas si se quiere poder llegar a un segundo piso, donde los concentraron a todos.

Son muy pocos los asientos por fuera de las salas de abordaje, las salas VIP del terminal doméstico parecen instalaciones provisionales, sin baños, sin suficientes enchufes y con características muy inferiores a lo que se espera de este tipo de facilidades en una capital a la que llegan, además, tantos extranjeros. El tema de los baños es un asunto particularmente incómodo, pues se entiende que, por la insuficiencia de sus características, tengan que ser escenarios de colas interminables, especialmente en lugares como los que se encuentran a la salida de la sala de equipajes nacionales, por cuenta de ‘bañitos’ diseñados con mezquindad.

En fin, razón tenía el exalcalde de marras: es un aeropuerto “pichurrio”.

 

Ricardo Villaveces
Consultor privado
ricavip@gmail.com

 

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