Ricardo Villaveces P.

Ajá, Cartagena

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
febrero 07 de 2016
2016-02-07 09:19 p.m.
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Definitivamente, el mes de enero en Cartagena se ha convertido en una muestra más del realismo mágico que tan bien reflejó nuestro nobel en su obra. Allí todo es posible. En los primeros días, hordas de turistas que hacían casi imposible caminar por las calles o entrar a un restaurante, ruidosos bailes de mapalé en las plazas, y diferentes idiomas, pues el mundo está descubriendo los encantos de esta bella ciudad. Muchos extranjeros, no solo de los cruceros, sino del mundo entero que encuentran en este lugar atractivos para ellos desconocidos. Frente a este crecimiento de los visitantes, estimulados por la tasa de cambio, los grandes contrastes de una ciudad con toda clase de deficiencias y dramáticos casos de pobreza. Como si fuera poco, parece que Petro y su equipo de ‘inmovilidad’ vinieron a asesorar a la Heroica y promovieron cambios de tránsito, con los que se han conseguido trancones peores que los de la capital del país.

Simultáneamente, el X Festival Internacional de Música, con resultados sobresalientes; y resulta a veces incomprensible que frente a ese torbellino de la metrópoli se pudiera escuchar música del renacimiento español en un escenario tan evocador como el del Convento de la Popa, o violinistas de primer nivel como Vengerov, en la plaza de San Pedro.

El personaje del festival fue, sin embargo, el maestro argentino Rodolfo Mederos, que con su carisma y excelencia musical se robó el entusiasmo de un público, en el que, a diferencia de otras ocasiones, había más amantes de la música y menos seguidores del ‘ver y ser visto’, que, si bien le dan exposición al festival, no siempre ayudan para lograr el nivel musical que se ha venido ganando.

Con varias fallas logísticas y de organización, cosa que no había ocurrido en otras ocasiones, el XI Hay Festival fue una de esas ocasiones en las que el realismo mágico se sentía por todas partes. Encontrar que se revendían boletas a precios altos para oír al profesor Piketty, y que fue tanta la demanda que tuvieron que trasladar el evento, con colas de dos cuadras para entrar a la Plaza de la Aduana –el lugar en el que se presentan los conciertos de música popular– es algo difícil de entender. Mucho menos ver a los habituales solo de las páginas sociales oyendo discusiones sobre equidad, reformas fiscales y las consecuencias de que el rendimiento del capital sea mayor que la tasa de crecimiento, y temas similares, junto con más de dos mil personas, al aire libre y en ese bello escenario, es algo muy extraño.

Todos los eventos a reventar, menos literatura que en otras ocasiones, pero expositores de primer nivel, como fue el caso del profesor Yuval Harari, autor del libro Sapiens, quien verdaderamente deslumbra con sus interesantes tesis sobre la evolución del hombre y la humanidad; o, desde otro ángulo, intervenciones provocadoras como las del argentino Lanata.
Apabullante la acogida que tuvieron De La Calle, Restrepo y Bojanini sobre el proceso de paz.

En fin, esa es Cartagena en enero. Una ciudad de contrastes, caótica, pero fascinante.

Ricardo Villaveces P.
Consultor privado
rvillavecesp@gmail.com

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