Ricardo Villaveces P.

Avance importante

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
octubre 04 de 2015
2015-10-04 11:08 p.m.
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Muchos son los temas que sacuden al mundo por estos días. No obstante, hay uno que, al menos para los colombianos, ha opacado los demás, y tiene que ver con los avances logrados en las conversaciones de La Habana. Sin la menor duda, se trata de un paso muy relevante en tan complejo proceso, y así lo vienen reconociendo estudiosos, líderes de opinión, políticos y ciudadanos en todas partes. Seguramente, es mucho lo que falta para que la paz sea una realidad, y lo que pueda faltar en lo acordado, pero se trata de un paso sin precedentes que lleva a pensar, por primera vez, que de verdad se está pasando el punto de no retorno y que se va a lograr concluir ese penoso capítulo de la historia de Colombia.

Esto no quiere decir, en modo alguno, que vamos a entrar en un periodo de total seguridad, o que la criminalidad se va a desaparecer. Lo relevante es que va a ser solo eso: criminalidad; y se van a terminar las disculpas para gobiernos, como los de Venezuela, para albergar a quienes, presentándose como adalidaes de la libertad, mezclan sus planteamientos políticos con actitudes puramente delincuenciales. Todas esas organizaciones y gobiernos que, por años, han visto a las Farc como contradictores legítimos del Gobierno, no tendrán ya argumentos para seguir haciéndolo, y los integrantes de ese grupo que quieran seguir buscando sus objetivos, tendrán que hacerlo por las vías que les ofrece un Estado democrático como el colombiano. No son logros de despreciar, y, con toda seguridad, serán muy grandes los réditos económicos y de desarrollo social que esto traerá a Colombia.

Ahora, lo que puede ser difícil de tragar, pero que es necesario aceptar, es que, como dicen los americanos, “no hay almuerzo gratis”. Cesar el conflicto tendrá un costo y será necesario ‘tragarse varios sapos’, pues lo primero que hay que tener en cuenta es que lo que se está desarrollando no es un proceso de rendición, sino uno de negociación, y las negociaciones, para que sus resultados tengan sostenibilidad en el tiempo, no pueden reflejar solo las aspiraciones de una de las partes. Tampoco pueden ser concebidas como un instrumento de castigo exclusivamente, ya que difícilmente tendría posibilidad de convertirse en algo sólido. Por lo que se ha conocido, lo negociado en materia de justicia parece algo factible, que no incluye concesiones excesivas y que se ajusta a los estándares internacionales.

Las posiciones de algunos harían pensar que lo negociado ya es el final del proceso y olvidan varias cosas. De una parte, que un principio esencial es el de que “nada está negociado hasta que todo esté negociado”, y, de otra, que aquí falta un proceso de refrendación de lo acordado, y convertir estos acuerdos en normas legales para que se vuelvan realidad y, seguramente, en el camino se irán aclarando dudas, identificando asuntos a mejorar y errores a corregir.

Lo que no tiene sentido es tratar de destruir lo que se ha logrado, tomando posiciones viscerales que desconocen lo que esto puede significar para Colombia.

Ricardo Villaveces P.

Consultor privado

rvillavecesp@gmail.com

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