Ricardo Villaveces P.

Gesto de paz

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
marzo 25 de 2015
2015-03-25 02:34 a.m.
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Tuve la oportunidad de escuchar, en el pasado Hay Festival de Cartagena, a Jody Williams, Premio Nobel de Paz en 1997 por su trabajo en contra de la utilización de minas antipersonales. Esta señora, activista apasionada por sus causas, a tal punto que a veces resulta difícil escucharla por la vehemencia de sus planteamientos, hizo una serie de reflexiones sobre la tragedia que supone el empleo de minas antipersonales, que resultan, sin duda, de gran relevancia para Colombia.

Recordaba Williams algo evidente, pero que no siempre se tiene en cuenta, y es que las minas, una vez plantadas, siguen siendo una grave amenaza para todos y ellas son indiferentes a que exista o no proceso de paz, a que hayan sido sembradas por uno u otro bando, y su permanencia no tiene nada que ver con lo que sucede a quienes las pusieron. Evocaba cómo hoy, a cien años de la Primera Guerra Mundial, todavía de tiempo en tiempo hay artefactos que explotan en los campos donde ocurrieron las grandes batallas de ese entonces.

Ese tema, por consiguiente, es imposible de eludir y en cualquier escenario hay que abordarlo.

Mucho más cuando se está llevando a cabo un proceso de paz y en la mesa están los actores de estas locuras. Aun en el caso del Eln, cuyo proceso se encuentra más atrasado, el tema debe estar sobre la mesa, pues han sido de los más activos en el uso de esta absurda vía. Decía la señora Williams, en Cartagena, que a ella le parecía muy interesante que se estuviera dando un proceso de paz en Colombia, pero que esto no se podía quedar en palabras y que el acuerdo tenía que mostrar señales tangibles de avance, al igual que lo pedimos todos.

Planteaba, que empezaría a creer realmente en el proceso cuando viera un proyecto piloto de desminado, que realizaran conjuntamente las partes involucradas en el conflicto. Pues bien, el anuncio que hicieron en la mesa de negociaciones sobre el comienzo de procesos de este tipo parece un avance realmente importante. Puede haber ocurrido que las ideas de la señora Williams, acogidas por De la Calle, en Cartagena, hayan sido las que hicieron eco en La Habana. Lo importante es que son pasos que van por el camino correcto.

Cuando se habló de cifras superiores a los 200 millones de dólares y más de diez años para llevar a cabo el desminado, surgieron las voces pesimistas de siempre hablando de que no hay los recursos, que es mucho el tiempo, entre otros, como si fuera optativo el adelantar este esfuerzo. Pareciera olvidarse que las minas ya están ahí y que con proceso de paz o sin él, con plata o sin ella, el país no puede desconocer el problema y tiene que empezar a superarlo. Mucho mejor si se hace de forma conjunta con los grupos que han estado fuera de la ley, y ojalá se puedan destinar recursos suficientes, pero, ante todo, lo que se necesita es empezar.

Ese sería un verdadero gesto de paz para los colombianos.

Ricardo Villaveces P.
Consultor privado
rvillavecesp@gmail.com
 

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