Ricardo Villaveces P.

No hay que reinventar el mundo

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
mayo 31 de 2015
2015-05-31 10:53 p.m.
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En repetidas ocasiones se ha mencionado que las circunstancias para el sector agropecuario deberían ser propicias en esta etapa de la historia, pues son muchos los factores que le estarían dando una prioridad que no ha tenido desde hace muchos años. Lo más evidente tiene que ver con la relevancia que el ramo tiene en el contexto de las conversaciones de paz. No es casual que fuera uno de los focos de atención y que ameritara todo un capítulo dedicado a él. Para nadie es un secreto que ha sido el campo el principal escenario del conflicto y que son los habitantes rurales quienes han padecido de primera mano las nefastas consecuencias de esa violencia que lo ha azotado. Tan evidentes son las carencias y necesidades, que fue relativamente fácil para las partes ponerse de acuerdo sobre temas muy relevantes relacionados con la ruralidad colombiana.

La importancia del campo, sin embargo, tiene que ver con muchas otras cosas, pues no se puede perder de vista que frente a una población mundial que continúa creciendo y demandando alimentos y bienes de origen agrícola, Colombia es uno de los pocos países con posibilidad de incrementar su frontera de producción, sin generar conflictos con otros usos, como ocurre en varias naciones del globo. Por el contrario, se trata de muchas regiones en las cuales la densidad poblacional es mínima y la actividad agropecuaria podría ofrecer bastantes y muy interesantes oportunidades.

De otra parte, es bastante evidente que, en la medida en que las condiciones de seguridad sigan mejorando, las opciones para el agroturismo son inmensas, pues es difícil encontrar un país con la variedad y la belleza de los paisajes que tiene Colombia. Pero, es más, ante un escenario devaluacionista como el que se prevé, la competitividad de los servicios turísticos se vuelve muy atractiva para el extranjero que, además, encuentra en el país un ‘secreto bien guardado’, ya que, por cuenta del conflicto, ha sido desconocido incluso por los propios colombianos.

Ahora bien, el despegue del agro es complejo, puesto que son muchas las deficiencias y, por ello, lo primero es preservar y fortalecer lo que se tiene, ya que la incertidumbre y desmejora de sus condiciones solo puede llevar a más y más años de atraso. Hay que recordar que el país ha venido haciendo un gran esfuerzo, desde la época de Gaviria, por estructurar una política comercial para el campo que permita su desarrollo. Seguramente, puede haber margen para la mejora, pero lo que no tendría sentido es entrar en un proceso de desmonte.

No se puede caer en el simplismo de pensar que para mejorar la competitividad de los productos más elaborados, el camino es golpear el eslabón más débil de la cadena, el de la producción primaria. Si las condiciones de competitividad del país fueran las adecuadas, sería más difícil defender los esquemas vigentes, pero cuando estos apenas compensan algunas de las deficiencias generales, hay que preservarlos y defenderlos, mientras, poco a poco, llegan al campo los bienes públicos que mejoren dichos requisitos.

Ricardo Villaveces
Consultor privado
rvillavecesp@gmail.com
 

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