Ricardo Villaveces P.

¿Y eso, cómo se logra?

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
abril 20 de 2015
2015-04-20 06:10 a.m.
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Entra en la recta final para la discusión el Plan Nacional de Desarrollo y quedan muchas inquietudes y dudas sobre el resultado. De una parte, los debates en el Congreso se han caracterizado por la superficialidad, la falta de análisis y la ausencia de planteamientos serios sobre ajustes que podrían mejorar mucho lo presentado. A falta de un trabajo de partidos o de bancadas –quizás por la intimidación que produce una sustentación tan extensa como la presentada por el Gobierno– por la necesidad de un estudio y análisis amplio para entender sus implicaciones, es poco el debate de fondo y mucho el de los simples discursos o el de los esfuerzos puntuales para sacar o introducir ajustes que responden a intereses individuales y no a planteamientos de profundos para contribuir en el diseño de un verdadero Plan de Desarrollo.
El Plan, de otra parte, refleja mucho de los lineamientos y prioridades anunciadas por el gobierno como ocurre con la necesidad de darle más relevancia y prioridad a los asuntos relacionados con el sector rural. Sin la menor duda, proveer de bienes públicos al campo y preocuparse por la vulnerabilidad de sus habitantes es una tarea inaplazable y que justifica la importancia que el Plan le da a la reducción de la probreza y la ampliación de la clase media en el sector rural, al fortalecimiento institucional, al ordenamiento territorial y al acceso a la tierra, y a cerrar las brechas urbano-rurales y a promover la movilidad social. Todo eso es importante, pero mucho de esto solo es sostenible si va acompañado de un desarrollo de las actividades productivas y empresariales que son las que darán dinámica y crearán oportunidades en el campo, y esto tiene que ver con una de las prioridades planteadas en el Plan, como es la de ‘impulsar la competitividad rural’. Esto supone muchas cosas y requiere recursos significativos para que las iniciativas en este frente tengan éxito. Cuando se mira la propuesta del Plan no puede uno menos de quedarse desconcertado, al observar que se plantea que el 83 por ciento de estos recursos provengan del sector privado.
Eso es lo que se denomina ‘pensar con el deseo’. ¿De dónde van a salir esos recursos?, ¿cómo se va a motivar la inversión, cuando hay temas tan relevantes como el de la inseguridad jurídica en las tierras de la Altillanura?, ¿cuáles son las obras de infraestructura que promoverán la inversión?, ¿qué propuestas hay para financiar la capitalización del campo en temas como el de la maquinaria agrícola?, ¿qué planteamientos hay para promover la participación de la banca privada en los proyectos del sector rural ?
En fin, las preguntas son muchas y si no se responden algunas de ellas, difícilmente las aspiraciones del Gobierno sobre inversión privada pasarán de ser un buen deseo.
NOTA: ¿Será que por una sola vez Petro y sus aúlicos reconocen un error y dan reversa a la medida de cambio de sentido del tráfico en la Carrera 11, con todos los trastornos y tranconces que ha causado?

Ricardo Villaveces

Consultor privado
rvillavecesp@gmail.com


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