Ricardo Villaveces P.

Navegando contra la corriente

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
diciembre 15 de 2014
2014-12-15 03:34 a.m.
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La revolución de lo digital es algo que no termina de sorprender y es obvio que falta mucho por ver. Los cambios son de todo tipo. En algunos sectores se dan de forma más acelerada, pero tarde que temprano llegarán a todas partes.

Sin ir a temas complejos, ver lo que ha ocurrido con el negocio de la música, de los libros, de las agencias de viaje, por solo mencionar algunos casos, pone de presente la necesidad de adaptarse a las nuevas formas de hacer las cosas.

De lejos, las sucursales virtuales de los bancos, por ejemplo, crecen de manera a acelerada y son muchas las personas que hace tiempo dejaron de visitar una oficina tradicional, pues todas sus necesidades las solucionan acudiendo a los canales electrónicos. Hoy, por ejemplo, en los análisis de riesgo en el sector financiero, que es un tema crítico en esa actividad, los mayores problemas son de tipo tecnológico y las épocas de los asaltos bancarios están ya pasados de moda frente a la actividad de los delincuentes cibernéticos.

Las normas, las regulaciones y las prácticas se tienen que ajustar a las nuevas realidades y este proceso de adaptación se debe convertir en una prioridad para los reguladores, pues, de otra forma, los acontecimientos seguirán desbordando las normas.

Un caso emblemático es el de Uber, por su carácter global y porque ha puesto en evidencia los privilegios en que se habían convertido los permisos y los llamados cupos de los taxis en todas partes. En New York, por ejemplo, un artículo en el New York Times narraba cómo el ‘cupo’ (medallion, lo llaman allá) para un taxi había llegado a valer un millón de dólares, y con la llegada de servicios como el de Uber (no es el único) había caído a 400 mil dólares. Así está ocurriendo en todos lados, y por más protestas de los que se han beneficiado de este privilegio, el mundo terminará usando opciones como está, que resulta mucho más adecuada para el usuario que está dispuesto a pagar un poco más por un mejor servicio.

Resulta decepcionante, en el entretanto, oír por estos días a los funcionarios públicos responsables del área aferrarse a los temas puramente jurídicos para condenar estas alternativas de transporte en lugar de acelerar un proceso de ajuste a las nuevas realidades y reglamentar rápidamente y de manera funcional el servicio.

Lo que resulta bastante incomprensible es que las autoridades se dejen envolver por interpretaciones de normas cuya aplicación es dudosa y les han permitido, a quienes se han servido de ellas, mantener privilegios y tratar de parar un cambio que de todas maneras se va a dar, al igual que se han dado tantas transformaciones en otros campos. Hay que entender que una de las barreras más críticas, como era la de la interconexión de las personas, ya se superó por la vía de los celulares y eso traerá infinidad de cambios. Adaptar las normas y aceptar la realidad es la tarea de las autoridades y poco servirá seguir remando contra la corriente.

Ricardo Villaveces P.

Consultor privado

ricavip@gmail.com


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