Ricardo Villaveces P.

¿Será posible tanta estupidez?

Cualquier observador desprevenido estaría pensando que sería sencillo lograr sumar voluntades y decisiones políticas para neutralizar la amenaza y poder construir un planeta más amable para todos.

Ricardo Villaveces P.
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Ricardo Villaveces P.
agosto 26 de 2012
2012-08-26 04:32 p.m.
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La virulencia de ‘La Niña’ en Colombia; las temperaturas récord en el presente verano en diversos países; las inundaciones en Filipinas y las del sur de Pakistán, hace quince días; las inundaciones en Australia de hace un año, que cubrieron un área superior a la de Francia y Alemania combinadas; el huracán Irene, que puso en riesgo a la ciudad de New York; la sequía del Amazonas y la que está atravesando este año Estados Unidos, y las impresionantes lluvias en China el pasado julio, o el derretimiento de la superficie helada de Groenlandia, son solo algunos ejemplos de lo que el mundo está viviendo.

Sin la menor duda, se están presentando cambios climáticos extremos, cada vez más frecuentes y que están ocurriendo a lo largo y ancho del planeta.
De otra parte, la evidencia científica soportada en infinidad de investigaciones, trabajos de campo, simulaciones computarizadas, y la recopilación de información, cada vez más precisa, han llevado a científicos de todo el planeta, tanto a nivel individual, como de las academias nacionales y especializadas, a concluir que, en gran medida, lo que viene sucediendo tiene su explicación en las acciones del hombre, que con una economía y unos hábitos generadores de alto carbono contribuyen de manera dramática al agravamiento del ‘efecto invernadero’ y el calentamiento global, con la consecuencia del aumento de una variabilidad climática más pronunciada y cerca de un punto de no retorno para la supervivencia de la raza humana, al menos en las condiciones que la conocemos.

Ante situaciones de estas características, cualquier observador desprevenido estaría pensando que sería sencillo lograr sumar voluntades y decisiones políticas para neutralizar la amenaza y poder construir un planeta más amable para todos. Pues bien, esto, que parecería una ‘perogrullada’, no encuentra un camino para convertirse en acciones, y el cambio de rumbo que requiere la civilización parecería más difícil de lograr, en un corto plazo.

Sin duda, Estados Unidos ha tenido mucho que ver, y su negativa a firmar el Protocolo de Kyoto ha tenido efectos muy perversos sobre el tema. Con el peso relativo de ese país, en tiempos en los que las otras grandes economías atraviesan dificultades, lo que haga o deje de hacer tendrá importantes consecuencias en los posibles caminos de solución.

Por eso, resulta tan inquietante que el tema, en Norteamérica, en lugar de ser un propósito bipartidista que permitiera emprender iniciativas de Estado antes que de Gobierno, se haya politizado y vea como un tema demócrata que los republicanos se sienten obligados a rechazar.

Mucho más preocupante es esto en una coyuntura en la que los fundamentalismos y la irracionalidad cada vez toman más espacio e impiden la sensatez, como se ha visto esta semana con el caso del representane Atkin.
En esas circunstancias, los grupos de interés asociados a las industrias de los combustibles fósiles encuentran el camino allanado para frenar muchas acciones que contribuirían a moderar el problema y a que Estados Unidos pueda liderar lo que debería ser un esfuerzo planetario. ¿Será posible tanta estupidez ? 

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