Roberto Junguito

La agricultura y la tierra

Roberto Junguito
POR:
Roberto Junguito
mayo 29 de 2013
2013-05-29 12:03 a.m.
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El tema de la agricultura en Colombia y particularmente lo relacionado con las tierras, ha sido el centro de la discusión económica en el país durante la última semana.

De un lado, se llevó a cabo un seminario promovido por Fedesarrollo y la Sociedad de Agricultores de Colombia, en el que se analizó el rol de la agricultura, las políticas agrarias, las instituciones, así como los temas de la tierra y la vinculación de pequeños productores al desarrollo de la agricultura.

De otro, se ha anunciado que, enhorabuena, los negociadores del proceso de paz han convenido el primer punto de la agenda, relativo al desarrollo rural.

En el libro de Fedesarrollo, titulado Políticas para el Desarrollo de la Agricultura en Colombia, se destaca que en Colombia los índices de concentración de la tierra son de los más altos del mundo, y se anota que mientras el área potencial para uso agrícola alcanza cerca de 22 millones de hectáreas, la utilización real en agricultura es solo de 5,3 millones. Esto refleja un conflicto entre su uso potencial y real, con inmensas implicaciones en términos de eficiencia en la producción y en el empleo de mano de obra.

Concluye que se requiere regularizar y formalizar los derechos de propiedad, pues el 44 por ciento de los predios rurales no tiene título registrado, y propone políticas para desarrollar el mercado de tierra, para lo cual sugiere extender créditos y facilitar la compra a campesinos. Asimismo, recomiendan corregir las distorsiones entre su uso potencial y actual, estimulando el uso agrícola antes que la ganadería extensiva. Con ello, a su juicio, se conseguiría disminuir la pobreza rural, incentivar el empleo en el campo, y elevar la eficiencia y la producción agropecuaria del país.

Lo que hasta ahora se ha hecho público de lo convenido en La Habana indica que el acuerdo se concentra en cuatro frentes, el primero de los cuales es el mecanismo para dar acceso a la tierra a los campesinos, mediante la creación de un fondo de tierras y su titulación. También incluye provisiones sobre la actualización catastral y la facilitación de elementos para que la tierra entregada sea productiva, tales como crédito y asistencia técnica, que serán determinantes para tal fin.

Estamos seguros de que los cambios en la política de tierras reconocerán la debida seguridad jurídica a quienes son legítimos propietarios. Igualmente, como lo sugiere el libro en referencia, resulta esencial que los acuerdos propendan porque la agricultura en Colombia cumpla adecuadamente los objetivos de incrementar la producción de bienes para el consumo interno y la exportación, contribuir a la seguridad alimentaria, al empleo rural y la reducción de la pobreza, propósitos en los cuales Colombia ha estado retrasada frente al resto de América Latina, así como defender el medio ambiente y propender por el desarrollo de los territorios.

En este sentido, igualmente debemos estar abiertos a recibir, con la debida regulación, la inversión extranjera en la agricultura que contribuya a estos objetivos y, sobre todo, que aporte conocimientos tecnológicos, capital y espíritu empresarial. En fin, el anuncio de un acuerdo acerca de las políticas sobre el desarrollo rural es un paso fundamental para la consolidación de la paz y el bienestar social en Colombia.

Roberto Junguito

Presidente de Fasecolda

rjunguito@fasecolda.com

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