Roberto Junguito

Manejo económico
ortodoxo y previsivo

Roberto Junguito
Opinión
POR:
Roberto Junguito
marzo 22 de 2016
2016-03-22 08:45 p.m.
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En al ámbito de América Latina, Colombia se ha distinguido por un manejo ortodoxo y previsivo de su economía. Nuestro país nunca registró las hiperinflaciones características de los otras naciones de la región en los años setenta y ochenta, aunque sí padeció lo que se denominaban como inflaciones moderadas de 20 y 30 por ciento anual.

Para hacer frente a las presiones inflacionarias, la Constitución de 1991 estableció al Banco de la República como banco central independiente, y a su junta directiva le dio el mandato principal de defender el valor adquisitivo de la moneda, o sea el de controlar la inflación.

Durante la crisis latinoamericana de la deuda en los años ochenta, Colombia fue casi el único país de América Latina que mantuvo el servicio de su deuda externa. Esta posición y actitud consolidó, desde entonces, la confianza de la banca comercial internacional con nuestro país.

A finales de los noventa, el país vivió lo que se ha conocido como la crisis de fin de siglo y que se caracterizó por una caída sin precedentes del Producto Interno Bruto y severos desequilibrios en los frentes monetario, cambiario, fiscal y externo. Para salir de esta situación se procedió a fortalecer las instituciones económicas. Se estableció un régimen de inflación objetivo para ejercer un mejor control sobre las presiones inflacionarias, se flexibilizó el régimen cambiario, permitiendo que las fuerzas del mercado guiaran la tasa de cambio y se fortalecieron las finanzas públicas. Desde entonces, Colombia ha sido líder indiscutible por su manejo económico dentro de la región, y ha tenido el reconocimiento de la banca comercial internacional y los organismos multilaterales de crédito externo.

No obstante las fuertes bases de su economía, no ha sido inmune a las vicisitudes de la economía mundial y sobre todo a la caída de los precios del petróleo. De hecho, la tasa de crecimiento de la economía se redujo de los ritmos superiores al 4,5 por ciento anual –registrados desde el 2010– a tan solo un crecimiento anual del 3,1 por ciento en el 2015, y muy probablemente cercano al 2,5 por ciento en el año en curso. Además, la baja del petróleo ha repercutido negativamente en los ingresos del gobierno y en la balanza de pagos.

Lo importante es que las autoridades vienen adelantando un manejo ortodoxo y previsivo en estas épocas de turbulencia. Para hacer frente al desequilibrio de las finanzas públicas y cumplir con la regla fiscal se optó por recortar el presupuesto del 2016 y se comprometió a llevar a cabo una reforma tributaria estructural antes de fin de año.

Con el fin de corregir el elevado déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos ha mantenido un régimen de tasa de cambio flexible con la expectativa de que la mayor depreciación real estimule las exportaciones y frene las importaciones. Por su parte, la junta directiva del Banco de la República ha venido elevando las tasa de interés y adoptando política monetaria más restrictiva para controlar las expectativas inflacionarias. También ha garantizado un amplio nivel de reservas internacionales, lo que, sumado al acceso al crédito externo, garantiza la liquidez internacional.

Ojalá las políticas sectoriales en frentes tales como la agricultura y el suministro de energía eléctrica hubieran seguido políticas igualmente ortodoxas y previsivas.

Roberto Junguito
Exministro de Hacienda
roberto.junguito@gmail.com

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