Roberto Junguito

Los asuntos del agro

Roberto Junguito
POR:
Roberto Junguito
septiembre 04 de 2013
2013-09-04 12:12 a.m.
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Aunque la protesta campesina se vio empañada por actos vandálicos que poco tuvieron que ver con acciones propias de los campesinos, las causas de inconformidad rural tienen fundamentos válidos, dados los problemas que vienen enfrentando los productores rurales.

En los múltiples artículos que se han venido publicando sobre el paro agrario, se ha resaltado la falta de infraestructura vial en zonas rurales, el descontento con la ejecución de las políticas públicas sociales para el sector rural, la falta de respuesta oportuna del Gobierno para solucionar los problemas relacionados con el encarecimiento de los costos frente a los precios, y el impacto de las importaciones baratas en razón de la apertura comercial y la revaluación de la tasa de cambio.

Desde el ámbito político, se ha señalado que la apertura del camino a la vía de hecho, demostrada en el caso cafetero, que condujo al apoyo del Gobierno para garantizar un precio mínimo de compra del café pergamino, abrió el medio para la expresión y las demandas de otros sectores del agro.

A todo esto habría que sumar lo que se ha denominado ‘el descontento estructural’, originado en la pobreza en las zonas rurales, aunado a las barreras de acceso y a la mala distribución de la tierra.

Para solucionar la protesta, el Gobierno ofreció un “pacto nacional por el agro”, que contemplaría, de acuerdo a la solicitud de los campesinos, la reducción de precios de fertilizantes, la importación de agroquímicos sin sobreprecio, una lucha contra el contrabando y un aumento de presupuesto para el agro, además de la compra de la leche por parte de las empresas procesadoras de lácteos.

Otras solicitudes que deben meditarse con detenimiento, pues tienen impactos macroeconómicos adversos a nivel nacional y para la propia agricultura, en el mediano plazo, que no han sido parte del acuerdo, comprenden la rebaja a los precios de los combustibles y la renegociación de los TLC.

Al analizar la respuesta del Gobierno, se encuentra que las soluciones ofrecidas se orientan en la dirección correcta, pero quizás no son suficientes para enfrentar la problemática rural. La realidad es que la agricultura en Colombia ha perdido terreno frente a sectores como la construcción, el de servicios y la minería.

La participación del sector agropecuario en el Producto Interno Bruto alcanza cerca del 6 por ciento, frente a un 30 por ciento que representaba a finales de los años 60.

No obstante, el agro sigue siendo fundamental para el trabajo, si se considera que el sector genera alrededor del 19 por ciento del empleo nacional.

La agricultura apoya el desarrollo económico al estimular la producción de alimentos y las exportaciones; enfrenta el reto de la seguridad alimentaria y ayuda a resolver los problemas de nutrición, y contribuye a reducir la pobreza y la vulnerabilidad en las áreas rurales. Asimismo, promueve el desarrollo territorial.

La política agropecuaria debe buscar incrementar la productividad y eficiencia de la producción campesina, orientarse hacia los rubros más rentables y con ventajas comparativas, y generar empleo y reducir las disparidades crecientes entre el campo y la ciudad.

La reasignación del presupuesto nacional para la provisión de bienes públicos, entre ellos educación, salud, seguridad social e infraestructura en las zonas rurales, es tan importante como las acciones propiamente dirigidas al fomento de la producción, como es el apoyo al crédito, la investigación de variedades y la asistencia técnica.

Roberto Junguito

Exministro

roberto.junguito@gmail.com

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