Roberto Junguito

El café en Brasil y Colombia

Roberto Junguito
Opinión
POR:
Roberto Junguito
noviembre 13 de 2013
2013-11-13 12:21 a.m.
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Brasil y Colombia fueron líderes en el establecimiento de los convenios internacionales del café y mantuvieron esquemas de restricción de la oferta exportable hasta la ruptura del esquema de cuotas, en 1989.

Desde entonces, las estrategias cafeteras de los dos países han mostrado gran divergencia.

Brasil procedió a suprimir regulaciones y controles a la producción y exportación, desmanteló los impuestos a las exportaciones, y acabó con el Instituto Brasileño del Café. Los productores empezaron a correr los vaivenes del mercado sin precios de sustentación ni impuestos de exportación.

La intervención del Estado en los asuntos cafeteros se limitó principalmente a apoyar el desarrollo de nuevas variedades e innovaciones tecnológicas con el concurso de su reputado instituto de investigación agrícola Embrapa. Uno de sus mayores éxitos ha sido el aumento de la productividad en el cultivo del café.

Colombia se aferró a mantener sus instituciones, hasta la quiebra de muchas de ellas. Los vaivenes de los precios internacionales conllevaron a refinanciaciones periódicas de los préstamos bancarios a los caficultores.

En los ciclos de caída de los precios internacionales, se procedió a solicitar y conseguir apoyos estatales crecientes para sustentar los precios internos del grano por encima de los internacionales.

Este fue el caso con el AGC en el 2001 y, más recientemente, el PIC. El Estado se ha convertido en fuente de subsidios y apoyo fiscal a los productores del grano.

Las autoridades cafeteras, con el beneplácito del Gobierno, han mantenido la prohibición de cultivar café robusta. El principal argumento ha sido mantener la diferenciación del café de exportación y su premio de calidad en el mercado internacional.

Brasil, por su parte, desarrolló los cultivos de cafés robustas principalmente en el Estado de Espirito Santo y con este la industrialización de cafés instantáneos. En la última década logró un aumento de la producción total de café de 50 por ciento. Esto, en gran medida, debido a los incrementos de productividad.

Como consecuencia, incrementó su participación en las exportaciones mundiales. En Colombia, desde 1992, la producción total del grano ha mostrado una tendencia decreciente, principalmente a raíz de la caída de los rendimientos por hectárea. Esta situación se ha traducido en una acelerada reducción en la participación del café de Colombia en el mercado mundial de grano. Este resultado contrasta con los incrementos de rendimientos y producción en Brasil. La Misión Cafetera ha resaltado que uno de los motivos del estancamiento de la producción en Colombia han sido los altos costos de producción, que son el doble de los correspondientes al conjunto de América Latina y del promedio mundial.

Este resultado, cuando se coteja con Brasil, no parece obedecer al costo de la mano de obra, ni a las tasas de interés, ni siquiera tampoco a la revaluación, sino a los menores avances en la productividad en Colombia.

Además de la productividad, las ventajas de Brasil radican en la producción de café robusta y la industrialización y exportación de cafés instantáneos.

Esto hace que en Brasil el café se haya convertido en una agroindustria con participación pública y privada. Mientras Brasil aumentó la productividad, la producción total y su participación en el mercado mundial, en Colombia nos movimos en reversa. Las lecciones de Brasil para Colombia en e marco institucional también son gigantescas.

Roberto Junguito

Exministro de Hacienda

roberto.junguito@gmail.com

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