Rodolfo Segovia S.

‘El arte de hacer negocios’

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
mayo 12 de 2016
2016-05-12 11:10 p.m.
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The Art of the Deal es el libro publicado por Donald Trump en 1987, con penas 41 años. Tres décadas después de un millón de copias, se puede leer todavía con provecho, particularmente por los interesados en propiedad raíz. Ha inspirado una generación de empresarios. Permaneció 51 semanas en las lista de los más leídos del New York Times y es un clásico entre los libros de negocios. Algunos capítulos de El arte de hacer negocios han servido para estudio de casos en prestigiosas facultades de administración. La revista Time escogió al multibillonario Trump para carátula en 1989.

Las claves del asombroso éxito de Trump en la política norteamericana –consideradas las barrabasadas que ha alcanzado a decir– están consignadas en esa temprana autobiografía gerencial. No le van a elegir presidente de Estados Unidos, aunque ya es un riesgo el que sea candidato contra una oponente que ha demostrado tener rabo de paja, pero quien quiera entender sus métodos y su carisma debe echarle un vistazo a su libro (hoy uno de sus muchos, aunque dicen los críticos, no igual de buenos).

Contó Trump en su libro cómo desde el gran ventanal de su apartamento en Nueva York vio poco a poco deshacerse la famosa pista de hielo de Central Park, mientras la ciudad de Nueva York malgastaba mucho dinero tratando de repararla sin resultados. Ofreció arreglarla, sin saber aún cómo iba hacerlo. Hubo de rogar para que la ciudad aceptara. Fiel a aquello de que alguien sabe lo que yo no sé –uno de sus principios–, contrató a los mejores: los canadienses. La pista la dejaron nueva por debajo del presupuesto. Donald regaló sus ganancias para obras pías.

En las iniciales operaciones de propiedad raíz, los retos fueron su leif motiv, característica que extendió después con agresividad y ambición a reinados de belleza y reality shows. La innovación y el mercadeo han sido su fuerte. No hay sino que seguirle la pista a las Trump Towers. Sus ideas y su peinado pueden disonar, pero sin que lleven a engaño sobre la efectividad con que ha emprendido –no sin traspiés– casi todo en su vida.

El exceso y la bombástica siempre han sido parte del mobiliario. Es una forma de vender riesgos calculados y de acentuar perseverancia, seguridad en sí mismo y empuje, así como de mimetizar un agudo sentido del cálculo y enlazar frases con convicción. Todo parecería superficial, pero no si va acompañado de deseo de aprender, y de reglas y principios de acción que le han permitido hacer decisiones con deslumbrante y eficaz rapidez. Un segmento frustrado de la todavía mayoría blanca norteamericana, financiera y síquicamente golpeada por la Gran Recesión, cree que él puede arreglarle la vida y devolverla a cuando eran grande y ganó la Segunda Guerra Mundial. Entiende que es quizá su última oportunidad.

Don Sancho Jimeno tenía algo de Trump en ambición y tenacidad. Se encumbró desde su hijodalgo origen militar y, después de haber casado con tino, llegó a ser uno de los hombres más ricos de Cartagena de Indias, dueño de haciendas y esclavos. Fue nombrado gobernador encargado (1693-1695) para que persiguiera a los cimarrones, a pesar de que ya en Cartagena y España se ventilaban otras ideas sobre el tratamiento que debía darse a los esclavos escapados. Defendió con arrojo a su patria adoptiva contra los piratas en 1697. Nunca, eso sí, pretendió postularse a Virrey.

Rodolfo Segovia
Exministro - Historiador
rsegovia@sillar.com.co

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