Rodolfo Segovia S.
COLUMNISTA

Camioneros despalomados

Su arma es el chantaje y el desborde a las vías de hecho, como la USO de antaño. Su poder: no la razón, sino la amenaza de paralizar al país.

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
agosto 04 de 2016
2016-08-04 07:54 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc35d70138.png

Otro episodio camionero de guerrilla anual, más peligroso que las Farc, porque pacta subvirtiendo el modelo económico. Su arma es el chantaje y el desborde a las vías de hecho, como la USO de antaño. Su poder: no la razón, sino la amenaza de paralizar al país.

Los camioneros han obtenido implícito un piso para las tarifas de transporte, la ubicua Tabla de Fletes. No aceptan dejar que se fijen por el libre juego de la oferta y la demanda. Los confeccionistas o los jaboneros podrían también solicitar un precio mínimo para sus productos, en vez de los que el público está dispuesto a pagar. Las pretensiones camioneras son tan ilegales como las actividades del cartel de los pañales. Aborrecen la libre competencia y han conseguido un monopolio sancionado por el Estado para que los colombianos paguen sobreprecios. Esto es subversivo, y el meollo de los paros.

La competencia en el transporte vial es casi perfecta. La oferta camionera y la demanda por sus servicios son totalmente dispersas. La formación de los precios es transparente y con información simétrica para las partes. Ni el estado de las carreteras, ni el costo de los peajes, ni el valor de los combustibles, ni la carestía de los repuestos entran en la ecuación; son iguales para todos. Sobran aberraciones burocráticas como el Sistema de Costos Eficientes. Para profundizar en el símil de los jabones, es como si su precio al público se fijara por el costo de la soda cáustica que se emplea para fabricarlos, en vez de por la oferta y la demanda.

El mercado limpia, dicen los economistas. Es decir, cuando hay exceso de oferta o demanda el mercado se encarga de que salgan los operadores ineficientes o de que aparezcan jugadores nuevos. La rentabilidad equilibra. Si hay sobreoferta por motivos ilícitos –lavado de dinero–, es función del Estado, esa sí, sancionar y retirar del servicio a los malandros. Para eso está la Fiscalía, sin ayuda de paros.

Tampoco es necesaria una Comisión de Regulación del Transporte, otro engendro burocrático. Tales comisiones solo se justifican para regular monopolios naturales, como la distribución de electricidad y gas (la Creg), donde la intervención del Estado es ineludible para fijar precios equitativos, que conjuguen los intereses del inversionista con los del público. Es un mal necesario, que se evita cuando la competencia, como en el caso de los camioneros, hace lo mismo y mejor.

En tiempos de don Sancho Jimeno, el defensor de Bocachica en 1697, solo se podía comerciar legalmente con las mercancías que traía a América la flota de los galeones. El monopolio encarecía los bienes.

¿Y los camioncitos viejos? Para empezar, todo el mundo tiene que cumplir con las normas mecánicas y de emisión de gases para automotores. Es socialmente razonable, sin embargo, que a los incapaces de sostenerse en el mercado sin subsidios se les asista para retirar sus vehículos. Si intereses ocultos entraban en el simple procedimiento de chatarrización, pues que intervengan el Ministerio de Transporte y la Fiscalía, sin corruptelas.

Lo absurdo es el ‘uno a uno’, un camión entra por cada uno que sale. ¡Abrase visto semejante tontería! Con esa limitación para coartar la oferta, operan los carteles. El asunto de los propietarios con cuantas unidades quieren participar libremente y sin artificiales cortapisas en una profesión altamente competida.

El no tener claros los principios, prolonga paros y alimenta desgastantes negociaciones, que terminan mal para el indefenso consumidor.

Rodolfo Segovía
Exministro - Historiador
ress7404@me.com

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado