Rodolfo Segovia S.
columnista

Grandes verdades

Con la reforma tri tributaria cocinada y el castrador fast track en marcha, se cae en la tentación de auscultar la opinión de pensadores.

Rodolfo Segovia S.
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Rodolfo Segovia S.
diciembre 22 de 2016
2016-12-22 11:00 p.m.
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Con la reforma tributaria cocinada y el castrador fast track en marcha, se cae en la tentación de auscultar la opinión de pensadores, los más de ellos convencidos demócratas, sobre legislación y sus perpetradores. En el principio de los tiempos, Esopo dejó consignado: “colgamos a los ladronzuelos, pero a los grandes los ponemos a encabezar el Estado”.

El fino humorista Mark Twain escribió: “supongamos que eres un idiota, y supongamos que eres congresista, pero, perdón, me repito”. Y dejó esta otra perla: “ni la vida, ni la libertad, ni la propiedad están seguras mientras el Congreso sesiona”. El abogado John Adams, uno de los padres de Estados Unidos y su segundo presidente, comentó ya retirado: “un hombre inútil es una pena, dos son una firma de abogados y tres o más son un Congreso”. Y un autor anónimo añadió: “hablar es barato, excepto cuando lo hace el Congreso”.

Sobre los tributos, cuyo principio democrático es que no se pueden cobrar sin la anuencia del contribuyentes, los apuntes abundan: “la democracia debería ser algo más que dos lobos y una oveja votando sobre lo que van a cenar”. Voltaire, observador de las flaquezas humanas, dijo: “en general, el arte de gobernar consiste en quitarle tanto dinero como sea posible a un grupo de ciudadanos para dárselo a otro”. El conspirador G. Gordon Liddy, condenado por Watergate, tuvo un momento de lucidez: “los que dicen sentir una gran deuda hacia la humanidad, generalmente proponen pagarla con la plata ajena”.

A Winston Churchill, al deliberar sobre impuestos en ese parlamento que dominó con su demoledor buen humor, se le ocurrió: “sostengo que llegar a la prosperidad votando impuestos es como un hombre que trata de elevarse sobre un balde halando de la manija”. Y el sabio complemento: “no se puede legislar la prosperidad del pobre, si se le niega al rico”.

Los gobiernos, embudo de los impuestos, también han llevado lo suyo. Para empezar, el inimitable Will Rogers observó: “no chisten, simplemente observen al gobierno y reporten los hechos”. Cosa que no siempre sucede, porque como bromeó Mark Twin: “si usted no lee los periódicos (hoy, redes sociales) quedará desinformado, pero si los lee terminará mal informado”. De todas maneras: “darle dinero al gobierno es como soltarle una botella de aguardiente y las llaves del carro a un adolescente”. O como dijera Ronald Reagan, el presidente que dejó más grande el Estado pequeño: “el gobierno es como el tracto digestivo de un bebé, con insaciable apetito en un extremo y sin responsabilidad en el otro”.

Por último, un par de consideraciones filosóficas sobre los impuestos y su terapéutica igualitaria. Thomas Jefferson pensaba que “un gobierno capaz de darte todo lo que quieres, posee al mismo tiempo el poder para quitarte todo lo que tienes”. Por lo mismo: “cuando la mitad de la gente se hace a la idea de no trabajar porque la otra mitad se va a encargar de ella, y cuando esa segunda mitad se da cuenta de que no le conviene trabajar porque alguien más se va a aprovechar del fruto de todo su trabajo, es el principio del fin de cualquier nación”. Pero no es una reflexión que se hagan los padres de la patria puesto que, como dijo Fréderic Bastiat: “el gobierno es una gran ficción, en la que todo el mundo trata de arreglárselas a costa de los demás”.

En tiempos de don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, se aplicaba la reforma tributaria integral: él no pagaba sino la alcabala, que ya va en el 19%.

Rodolfo Segovia
Exministro - Historiador
rsegovia@sillar.com.co

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