Rodolfo Segovia S.
Columnista

Muchos micos en una jaula

En principio, hay consenso sobre lo deseable de reducir la producción de la Opep a 34 millones de barriles diarios a 32,5 o 33. 

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
noviembre 24 de 2016
2016-11-24 09:59 p.m.
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La semana que viene se reúnen en Viena los ministros de la Opep para definir recortes en la producción de petróleo. Colombia no juega, pero el resultado de la partida le incumbe. Crece alrededor del 1,5 por ciento anual, la segunda tasa más baja en este siglo, y la velocidad de recuperación de su economía depende mucho de lo que suceda en Austria. Peligran arduos esfuerzos por reducir la pobreza y engruesar la clase media. Sin petróleo no hay paraíso.

La Arabia Saudita y sus aliados del Golfo Pérsico abrieron las llaves hace dos años y medio para sacar del mercado productores de alto costo. La medicina ha sido apenas medianamente efectiva. Si bien la industria dejó de invertir, precios entre 40 y 50 dólares por barril han sido suficientes para mantener fluyendo el chorro de campos preexistentes.

Una contracción mayor de los flujos necesitaría más tiempo del que los promotores de la llave abierta parecen poder resistir. Está por verse. Empero, el efecto sobre la oferta futura de las cuantiosísimas inversiones pospuestas.

Lo apremiante ahora es el precio mañana. Las agendas internas de países cuyo producto único es petróleo, como son la mayoría en la Opep, se descuadran angustiosamente. Venezuela, por ejemplo, boquea, si bien con un fuerte ingrediente de estupidez.

Para la organización y sus potenciales aliados, como Rusia, la inacción no es alternativa. La Arabia Saudita, madre de la debacle en los precios, es ahora la que más empuja.

Pujan soluciones alternas: ponerle tope a la producción actual o acordar cuotas para reducirla. Los del tope arguyen, no sin razón, que ya la oferta y la demanda están en equilibrio y que basta esperar para que los precios reaccionen. Admiten, sin embargo, que los inventarios acumulados en cifras récord pesan sobre el mercado y contribuyen a su volatilidad con cada rumor.

Rusia (11,2 millones de barriles por día), por ejemplo, es candidata, quizá inamovible, a fijar topes sin reducciones, para lo que se ha preparado produciendo a las más altas tasas de su historia en los últimos meses.

Los de las cuotas sostienen que la oferta hay que reducirla. Solo un fuerte mensaje lograría contrarrestar el exceso de inventarios y entonar las cotizaciones. La Arabia Saudita con sus aliados del golfo Pérsico lidera este pelotón y despliega incansable actividad diplomática. Su problema es como meter tanto mico en la jaula. No ha habido negociación de cuota desde hace ocho años. Era más fácil la tarea de don Sancho Jimeno en 1697, cuando trataba de contener la deserción de las bisoñas tropas con que defendía el San Luis de Bocachica.

Algunos obstáculos son geopolíticos por la rivalidad entre iraníes y saudíes. Los primeros rechazan cuotas dado que su producción estuvo artificialmente reprimida por la sanciones contra su programa nuclear. Irak, por su parte, pone de presente que su lucha contra Isis es la lucha de todos. El petróleo es su arma. Previsivo, se ha preparado para recortes con producción récord. Con una u otra excusa varios –Venezuela, Nigeria, Libia, Argelia– argumentan circunstancias especiales y piden exenciones.

En principio, hay consenso sobre lo deseable de reducir la producción de la Opep a 34 millones de barriles diarios a 32,5 o 33. Y, como siempre, el proverbial diablo se asoma en la implementación: ¿quiénes van a cargar el bulto? Sobre ese detalle no existe en absoluto consenso. Como espectadores anhelantes habrá que no perder detalle de lo que suceda el próximo 30 de noviembre.

Rodolfo Segovia
Exministro - Historiador
rsegovia@sillar.com.co

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