Rodolfo Segovia S.
columnista

La Opep en vainas

Los precios del petróleo duermen en su letargo, a pesar del enorme esfuerzo político por alinear más de 20 traviesos micos.

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
junio 29 de 2017
2017-06-29 08:52 p.m.
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La Opep está en vainas, y de paso Colombia. Los precios del petróleo duermen en su letargo, a pesar del enorme esfuerzo político por alinear más de 20 traviesos micos. Los recortes de la producción en 1’800.000 barriles diarios se han dado, con casi 90% de cumplimiento, pero nada que ceden los inventarios de crudo en EE. UU., donde cuenta para decisiones de mercado. A la vez, el contango, ese enemigo de los productores, porque permite comprar futuros a mejor precio que el corriente, reina supremo.

¿Qué hacer? No hay más alternativa que tener paciencia. Las cotizaciones, después de una reacción inicial al comenzar los recortes, han caído a un desolador US$45 por barril.
El mismo precio que regía antes de los acuerdos en noviembre del 2016. No hay porqué expedir certificados de defunción, pero hay quienes piensan que la Opep está ad portas de cuidados intensivos. Su virus son las contradicciones internas, sobre todo la rivalidad regional y religiosa Irán-Arabia Saudita. Los ultimátum a Qatar, miembro díscolo, son una manifestación del avance de la enfermedad.

Paciencia, sí, ya que los mejores estimativos indican que, globalmente, la demanda excede hoy la producción, con la perspectiva de que la brecha se profundice. Pero vaya usted y convenza a quienes invirtieron masivamente en papeles que le jugaban al alza y que ahora han liquidado también masivamente sus posiciones, asustados porque ese terco indicador, los inventarios gringos, no cede más rápido. Susto exacerbado por Libia y Nigeria, que exentos de cuotas, han venido recuperándose, y por Irak, que quizá estimulado por Irán, a más de por sus propias urgencias, ha hecho poco por ajustarse a lo que se comprometió. Habrá que ver como al hombre fuerte de la Arabia Saudita, el príncipe Mahomed bin Sultan, aprieta tuercas.

Mientras tanto, el recursivo fracking no da tregua. La iniciativa privada y la inventiva yanqui prosperan más allá de toda expectativa. Esos tercos petroleros de Norteamérica han reducido costos hasta flujo de caja positivo en el ambiente de bajos precios (más el bono del contango porque venden futuros antes de perforar). Aparte de presionar la pila madre de inventarios en Cushing, Oklahoma, están exportando cerca de 1’000.000 de barriles diarios de crudo liviano (el que no pueden refinar en sus instalaciones para crudos pesados del golfo) desde Corpus Christi, Texas. No es sino el 1% de la producción global, pero desde el mar presiona bárbaramente los precios a la baja. Don Sancho Jimeno, el héroe de Bocachica en 1697, se siente como cuando los galeones de la plata procedentes de América anclaban en Sevilla y se tiraban la cotización del metal.

El fracking duele. La Opep, como todo monopolio, tiene dificultades para entender el poder de la libre empresa. Es como explicarle WhatsApp a Don Sancho. Un buen ejemplo, muy publicitado recientemente, es la habilidad para convertir en productores pozos abandonados de la explotada cuenca pérmica de Texas y Nuevo México, mediante perforación horizontal. Los espectaculares retornos sobre esas inversiones estimulan osados experimentos.

La Opep se retuerce. Los próximos meses revelarán si la demanda de crudo vendrá al rescate a tiempo. En Colombia, Ecopetrol ha hecho loables esfuerzos por reducir costos, pero aún así, entre voladuras y comunidades, el petróleo nacional es apenas competitivo internacionalmente. Solo 25 pozos exploratorios el año pasado, y este los dicen todo. ¡A prenderle una vela al monopolio!

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