Rodolfo Segovia S.

Los barriles que faltan

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
septiembre 05 de 2014
2014-09-05 02:38 a.m.
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Presupuesto desfinanciado. Curiosa metodología: primero los gastos y después los arbitrios para tapar el hueco ¿No sería más sensato proponer al Congreso ingresos y egresos al mismo tiempo para que los honorables se apersonen de su responsabilidad y pongan la cara al esculcar el bolsillo de la ciudadanía?

El déficit presupuestal no es un mal necesario, es una opción consciente. En este país de sana macroeconomía, desconcierta que el presupuesto no sea instrumento de política económica, herramienta para enviar señales de mercado, como en países sofisticados. En Colombia es apenas compartimientos de intereses especiales, cabildantes persuasivos y ministros de Hacienda en afugias.

La sima en los ingresos y el exceso en la dádivas no parece quitarle el sueño sino a Hacienda. Parte del resto del Gobierno anda todavía en la euforia del gasto, arrastrando excesos reeleccionistas de un presidente que mal podía darse el lujo de enfrentar chantajes que debilitaran la gobernabiladad y que giró en cash y en promesas. No se contempla tocar el gasto (excluidos el servicio de la deuda y las pensiones). Ese ejercicio produciría más chillidos y hasta asonadas que apretar a los mismos de siempre, a los que se congregan en gremios inofensivos. Ese guste o no guste es el balance de poder. El fórceps tiene, empero, límites incompresibles.

La propuesta teórica es aumentar en dos puntos porcentuales del PIB los recaudos tributarios (del 12 al 14%). Se argumenta que el nivel de impuestos en Colombia es bajo con respecto a economías de similar desarrollo. En círculo virtuoso, como el preconizado por la Tercera Vía, esa mayor presión tributaria, aplicada sabiamente, es un peldaño hacia la equidad. La premisa es plausible si el ejercicio no interfiere con el desarrollo económico, el otro radiante pilar de una sociedad que aspira a desigualdades amortiguadas. Y el crecimiento, aún en este año de destellos, pende de hebras delgaduchas.

Los límites al recaudo andan por los lados del petróleo. Su renta, en una minibonanza que se esfumó en saco sin fondo, fue creciendo en los últimos años hasta representar el 20% de los ingresos fiscales centrales. No va más.

Cuentas alegres, respaldadas por estudios probabilísticos –peligrosa hipótesis en materia de hidrocarburos– pronosticaban 1.200 millones de barriles por día en el 2015. No habrá tal y, por el contrario, se ha retrocedido del millón alcanzado. El descache petrolero representa aproximadamente el 4% de los ingresos fiscales proyectados. ¡Upa!

Las causas del descuadre no son tanto geológicas como autoinfligidas. Y graves porque erosionan la seguridad jurídica que ha estado detrás de los logros petroleros de la última década. Son tres y bien conocidas: culpable negligencia o saboteo en licencias ambientales; interminables escarceos comunitarios, muchos de ellos malintencionados y con pasividad gubernamental; incapacidad de las Fuerzas Armadas, por cualquier causa, para prevenir la interrupción del transporte de crudo. Podría añadirse que Ecopetrol, responsable del 75% de la producción nacional de crudo, no atraviesa, por hesitaciones y desenfoque, su mejor momento.

Hay un vademécum de opciones. El descalabro fiscal de España en 1697, cuando don Sancho defendió Cartagena, no tenía en cambio componte. Dada la coyuntura, el presupuesto (ingresos y egresos) amerita intervención con herramientas más finas que una bomba de succión.

Rodolfo Segovia
Exministro - Historiador
rsegovia@axesat.com
 

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