Rodolfo Segovia S.

‘Black Hawk Down’

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
agosto 14 de 2015
2015-08-14 02:19 a.m.
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La película sobre los halcones negros caídos (1993) en Mogadiscio acelera el pulso. En plena misión, los derriban desde tierra. Los gringos se retiran de Somalia. La alegoría quizá no es aplicable a estos lares. ¿O sí?

Pues resulta que los cables internacionales dan cuenta de la preocupación de Estados Unidos por misiles tierra-aire en posesión de las Farc. Ante el Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara, el general en jefe del Comando Sur declaró que la guerrilla los ha adquirido con recursos del narcotráfico, el secuestro y la extorsión. Poco después, un coronel norteamericano afirmó a la prensa que “las Farc han adquirido misiles tierra-aire”.

Quién duda de que, en efecto, el secretariado cuenta con la tesorería para negociar con las mafias ucranio-rusas. Otra cosa, sin embargo, es que los misiles sean almacenables sin deterioro en la jungla, y que se disponga de gente adiestrada para dispararlos. Esos son interrogantes grandotes.

Por otra parte, el modelo empleado por los fedayines contra helicópteros rusos en Afganistán, abundante después de la caída del Muro, seguramente ya no dispara. No era tan durable como un Ford viejo, de los que transitan por Boyacá. Además, después del 9/11, a los hoy mucho más sofisticados tierra-aire, los vigilan por todo el mundo como si fueran bombas atómicas. Si Al Queda tuviese un stock, como se ha insinuado, ya lo sabríamos por las explosiones.

Las Farc saben bien que misiles tierra-aire neutralizan el mejor arma del Estado. Por eso, los han venido buscando con ahínco. En diciembre pasado, aparecieron dos unidades bastante deterioradas en el Cauca y dicen que existen, sin corroborar, videos que las muestran entrenando con esas armas. Es como cuando don Sancho Jimeno juraba por los cañones de bronce, bien montados en sus cureñas, que rara vez erraban el blanco, en contraste con las chatarras de hierro. Ojalá hubiese podido contar con ellos para la defensa de Cartagena en 1697.

Unos 20 años atrás, en Gutiérrez, la FAC dispersó un batallón de guerrilleros. Era el preámbulo de un eventual intento sobre Bogotá, que estaba sitiada. La guerra se estaba perdiendo. Luego, las Farc salieron mal libradas en varios choques más, incluida la derrota en la toma de Mitú, ya con dos batallones, donde la FAC, con apoyo brasileño, fue definitiva. Desde entonces, no se han atrevido a reunir tantos hombres para enfrentar a la Fuerza Pública. Acosadas, se refugiaron en el terrorismo. Los grandes éxitos contra cabecillas –‘Reyes’, ‘Mono Jojoy’, ‘Cano’– nacieron de la combinación de inteligencia y poderío aéreo, más que de botas en la jungla, sin que la participación de estas últimas haya sido inconsecuente. Las Farc les temen a los bombardeos a sus campamentos, por tierra casi infranqueables dentro de muros de minas antipersona.

¿O habría que decir que les temían? Analistas insinúan que el último cese de los bombardeos decretado por el Gobierno ha sido más una necesidad táctica que un gesto de paz. La amenaza latente de los misiles tiende a inhibir la acción aérea. Y se preguntan si la relación de poder en la mesa de La Habana se ha modificado y explica el progresivo desenganche de inamovibles, como cese del fuego bilateral antes de la firma de los acuerdos, o Asamblea Constituyente tan cara para las Farc, o la blandura de la justicia transicional, a la que solo la presión internacional impide ofrecer casa, carro y beca.

Y preguntan los expertos: ¿dónde están los informes de medicina legal de los caídos en el trágico Black Hawk? Transparencia despejaría interrogantes.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

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