Rodolfo Segovia S.

Burbujas en los esquistos

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
octubre 11 de 2013
2013-10-11 02:05 a.m.
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Colombia no posee las reservas probadas de petróleo para sostener mucho tiempo la producción de un millón de barriles por día (bd). Los pesimistas pronostican cinco a seis años. Un ‘nada’ en tiempo petrolero, que normalmente requiere más para buscar, descubrir y llevar el crudo a los mercados. La encrucijada ad portas inquieta al Gobierno. El país está enviciado. El petróleo es el 50 por ciento de las exportaciones, y las finanzas del Estado se apoyan en él para mantenerse a flote. Dios proveerá, dicen los optimistas. Señalan la revolución productiva de los hidrocarburos extraídos de esquistos en Norteamérica. Parece que Colombia también tiene de esas rocas.

Ojalá. Pero para ser prudentes, vale la pena examinar qué hizo posible el rápido desarrollo de la tecnología conocida como fracking de esquistos, vieja de solo siete u ocho años. Varios factores han contribuido a su florecimiento en Estados Unidos. Aparte de la inventiva misma, la ventaja comparativa se alimenta de propiedad privada del subsuelo que alinea intereses en torno a una actividad potencialmente disruptiva. O sea, las comunidades en zonas, por cierto relativamente deshabitadas, como Montana, Dakota del Norte y Texas, han estado desde el principio de acuerdo. Lo que yace debajo de sus tierras es suyo, no del Estado. Hay que acotar, sin embargo, que tanto en Nueva York como en Francia no quieren saber del tema.

Al ambiente propicio se sumó el acervo de conocimiento geológicos previo –EE UU. es el país más explorado del mundo–, la infraestructura preexistente, la abundancia de servicios petroleros y, sobretodo, el enorme inventario de equipos de perforación. El éxito del fracking de esquistos requiere taladrar sin pausa. Típicamente, un pozo declina el 75 por ciento en 18 meses y, por lo tanto, mantener la producción obliga a no parar. Hay que girar cada vez más rápido para morderse la cola; mientras más aumenta la producción, más hay que perforar para mantenerla. Cosa muy distinta a lo que ocurre en yacimientos tradicionales, en que una vez desarrollado el campo basta ser vigilante en el mantenimiento. El crudo de esquistos alberga en sí mismo el germen de la autodestrucción, mucho más que en las acumulaciones en rocas más benignas.

El fracking le ha añadido dos millones de bd a la producción norteamericana en corto tiempo. Es dudoso que ese ritmo de aumento continúe y, en efecto, viene decayendo. Las compañías, grandes y pequeñas, sacan mucho crudo, pero no están ganando dinero y su flujo de caja agregado es aterradoramente negativo (en centenares de miles de millones al año). Las acosan las deudas, y un incremento de las tasas de interés llevaría a la quiebra a más de una. El modelo de negocios no está perfeccionado. Se ha escuchado un campanazo al castigar Royal Dutch Shell 2.100 millones de su inventario en esquistos. Explicación: inviable económicamente.

Don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, se rasca la nuca. ¿Hidrocarburos de esquistos en Colombia? Puede ser. De manera muy preliminar, el recurso parece estar ahí, pero su maduración necesita más tiempo que el disponible en la ventana de reservas del país. La cura inmediata de la escasez hay que buscarla en otra parte. Además, el fracking no tendrá futuro sin el diseño de una cuidadosa política de atracción de los que saben. Si es con la lupa de los que ensillan la bestia antes de tenerla, no hay futuro. De apretar la cincha, la renta del recurso yacente a varios kilómetros de la corteza terrestre permanecerá ahí abajo.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

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