Rodolfo Segovia S.

Convención trunca

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
febrero 07 de 2014
2014-02-07 12:48 a.m.
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Van conociéndose a cuenta gotas los detalles de la Convención Conservadora. Tambalea, transformada en lid de David y Goliat, de la sal de la tierra contra la mermelada, por un excelente trabajo mediático de los amigos de Uribe (y acólitos de la izquierda).

Marta Lucía Ramírez, intachable y fotogénica, ha hecho, por su parte, la tarea. Mal podía competir con ella la figura reverenda y encorvada de Roberto Gerlein.

Y a Robert no lo dejaron hablar. Lástima grande porque de seguro hubiese deleitado con una de sus estupendas piezas oratorias sin texto, en apoyo a la candidatura de Santos.

Y mal porque su silencio no fue fruto de espontánea rechifla, sino de pitos estratégicamente repartidos con geométrica y energúmena precisión.

Silbatos ensordecedores y prolongados con bofe de hipopótamo.

Antes habían perorado Marta Lucía durante dos horas y media; Pablo Victoria, que entusiasmó con un elocuente discurso de conservador sin miedo y sin tacha, y Álvaro Leyva, a quien de conservador no le queda sino la estirpe.

El presidente del partido y de la convención, de conocidas simpatías, al menos ahora que Pastrana anda donde anda, poco hizo por acallar pitos que no eran exactamente ocarinas.

Mal inicio para las deliberaciones de un partido minoritario cuya única defensa es la unidad. Al conservatismo le fue bien cuando Belisario Betancur y Álvaro Gómez se abrazaron en la Convención de 1981, después de reñida contienda, o cuando Juan Camilo reconoció en 1997 la democrática victoria de Andrés.

Restablecido precariamente el orden y ya ausentes buena parte de los silenciados, se procedió a la primera votación para decidir si se iría con o sin candidato propio a las elecciones de mayo. Escoger adalid propio ganó abrumadoramente, pero la suma de los votos no alcanzó al quórum para decidir. Voto inválido por lo tanto, al que se le roció el agua bendita de las fallas técnicas.

Permanecía en suspenso la decisión sobre el con o sin. Irrelevante. A ferrocarril sin frenos no hay legalidad que lo aguante.

Solo el aplomo de Fernando Araujo hizo en el momento olvidar que él era el único de los cuatro miembros del tribunal de garantías en autorizar una segunda votación. ¡Eureka! Desaparecieron las fallas técnicas.

Marta Lucía, seria, preparada, probadamente efectiva, sería, en circunstancias normales, un candidato de lujo. En las actuales, con el mal llamado conservatismo de las bases –fabricación mediática– como soporte electoral, va hacia el ridículo.

A menos que, al desvanecerse Óscar Iván Zuluaga, el uribismo la entronice. Ahí la cosa ya es otra.

La última palabra la tiene el Consejo Electoral. Aceptada la demanda de nulidad de la convención, la validez del evento pende de un hilo deshilvanado. En el Consejo tiene asiento una clarísima mayoría santista, que dado el revés de los amigos del Presidente en un evento mancillado por el zafarrancho, resultaría sorprendente que lo avale.

Convención inválida. Cada quien quedará libre de tomar su rumbo.

En 1713, poco después de la muerte de Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, se pactó la paz tras una larga guerra europea.

Se aceptó al francés Felipe V como soberano de España, que conservó América, pero se desprendió de dominios en Europa en favor de otras potencias.

También se concedieron leoninos privilegios comerciales. Todos quedaron más o menos contentos. Al conservatismo, en cambio, el fratricidio le va a costar de cinco a ocho senadores.

Rodolfo Segovia

Exministro – Historiador

segovia@axesat.com

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