Rodolfo Segovia S.

Cuidado con las burbujas

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
mayo 24 de 2013
2013-05-24 02:03 a.m.
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El Gobierno aplica correctivos para frenar la desaceleración. El desgano venía desde hace un año y se reflejó en el crecimiento del PIB.

Afloraba al distender los precios de las exportaciones de batalla e instalarse la roña de la revaluación sobre la competitividad. Hubo lentitud en la reacción paliativa, pero eso es fácil decirlo con espejo retrovisor.

La decisión gubernamental de recurrir a un fuerte estímulo de la demanda interna ha despertado esperanzas de los comentaristas.

De lo propuesto, reparar las locomotoras de la minería y de la infraestructura, ambas con las bielas rotas por flagelos autoinfligidos, tomará tiempo. Más prometedor es el esfuerzo por devaluar.

Tanto las compras de divisas del Banco de la República como la disciplina fiscal están funcionando. La palanca principal de la reactivación es la política de vivienda, carta para estimular el consumo.

En las recesiones, la caída en la construcción es generalmente la campana de aviso y su reanimación, la proa de la recuperación. A pesar de no representar un muy alto porcentaje del PIB, la salud edilicia lidera los vaivenes de la actividad económica.

La esperanza de reversar prontamente la desaceleración descansa sobre el inmobiliario.

La vivienda tiene la ventaja de responder con elasticidad a reducciones en los intereses y a la ampliación del acceso al crédito.

El costo y la oferta de dinero regulan parcialmente los ciclos. El Gobierno estimula vía tasas de descuento del Banco Central y subsidios, aunque las instituciones financieras, atrincheradas en sus prácticas oligopolísticas, responden con lentitud. Se les llama la atención ‘de boquita’ pero a la hora de apretar todo queda en aspavientos.

El sueño de la casa propia, el dulce perfume de la propiedad, coincide además con sentidas aspiraciones de los colombianos y, legítimamente, con expectativas reeleccionistas. Las casas gratis van en esa dirección.

Ser propietario de su morada cumple un loable propósito de armonía social.

Está demostrado que ser dueño del hogar consolida la unidad familiar, mejora el rendimiento educativo de los hijos y disminuye la criminalidad.

Larga experiencia indica, sin embargo, que los altibajos en la propiedad raíz adquieren con facilidad dimensión de burbujas y provocan dolorosas correcciones, con indeseables efectos sociales. Hace poco se fue testigo de una ampolla universal aupada por prácticas financieras heterodoxas.

Apenas si rosó la prudentemente gestionada Colombia, pero liberar el genio de la botella inmobiliaria requiere tino y templanza.

Todo subsidio distrae recursos de su óptima asignación por el mercado. Las señales se nublan. Sufre la racionalidad económica.

En la práctica, el crédito fácil termina por reflejarse en precios disparados: la burbuja, y las ganancias sociales de corto plazo en penar posterior: la recesión. Con óptica electorera se cae en excesos.

Mejor no perder de vista las premisas sostenibles: el estímulo al consumo interno tiene limitaciones dictadas por las posibilidades reales de la economía. No excederse en busca de votos.

En 1697, don Sancho Jimeno fue testigo de una seria caída en los valores de la propiedad a raíz del horrible saqueo sufrido por Cartagena, a pesar de su bravía resistencia al pirata.

En aquellos tiempos no se conocían las burbujas inmobiliarias pese a del impacto inflacionario de la plata que fluía de América. La casa solariega del hidalgo era su castillo, ni se vendía ni, mucho menos, se compraba.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

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