Rodolfo Segovia S.

Elecciones en Cartagena

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
septiembre 25 de 2015
2015-09-25 03:53 a.m.
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A un mes de las elecciones regionales, las postulaciones para la Alcaldía de Cartagena de Indias son variopintas –así las llamaría don Sancho Jimeno, el héroe de la plaza en 1697– y, con excepciones, lúcidas. Sobresale Antonio Quinto Guerra, líder en las escuestas, quien, de ser elegido, constituiría un hito.

La ciudad ha sido regida, desde su fundador, don Pedro de Heredia, hasta nuestros días, y con variable fortuna, por integrantes de (o integrados a) su élite económica y social. Las excepciones han sido pocas y, en general, desprovistas de las calidades para gobernar una urbe compleja. Quinto, en cambio, es un hombre del pueblo, sí, pero con sobrealiente formación y ejercicio profesional, que rivaliza con lo mejor que la élite tradicional puede ofrecer.

El fenómeno Quinto controvierte paradigmas. Encarna lo que quiso el legislador con la elección popular de alcaldes: acercar la democracia al elector y ampliar la base de los elegibles. Un encontrar del gobernante, capaz y formado, en la entraña profunda de la ciudad. No hay en esto ánimo excluyente. A Cartagena la han presidido, a lo largo de sus siglos, muchos muy dignos y eficaces integrantes de las élites, merecedores del agradecimiento ciudadano. Y los seguirá habiendo. Lo que Quinto representa es un ensanche en el pool del talento.

La Alcaldía de Cartagena no es, como se ha querido hacer creer, ‘mango bajito’. No es ni con el color de la piel, ni con el micrófono populachero con lo que se llega y se ejerce seriamente, sino con lo que hay detrás del pigmento y de las ondas. En ese sustento, Quinto sobresale.

El primer elemento es la disciplina, que se forma con voluntad. Quien no haya corrido los 400 metros (peor si es con vallas) puede imaginarse las horas de entrenamiento requeridas para que las piernas no se conviertan en concreto durante los últimos 50 metros de carrera. La disciplina de Quinto se forjó en ese sudoroso trajín que lo llevó a campeón nacional de la especialidad en los Juegos Nacionales de 1980, y que lo ha acompañado toda su vida.

Otras virtudes de Quinto saltan a la vista en el devenir de una vida profesional y pública sin cuestionamientos y que le servirán como gobernante. Hay una, sin embargo, que pasa desapercibida: la discreción. Es como un pendón al viento que no se ve. Y es una que lo coloca aparte y lo llevó por tres veces a la presidencia del Concejo de Cartagena. Con el talento, la disciplina y la experiencia administrativa y política, la discreción será fiel apoyo para transitar por el camino del buen gobernante, que sirve a su ciudad sin aspavientos.

Excepto de manera formal, Quinto nunca ha alternado con la élite cartagenera. Su mundo social es el de los gallos y el de la familia extensa. Y también el del ejercicio profesional y la política, en su exitosa carrera como abogado administrativista, funcionario y concejal. La ausencia de ese roce tiene desventajas, porque genera desconfianzas –en Cartagena y en el país que no lo conoce–, pero que, quizá por lo mismo, lo acerca al sentir de la gran masa cartagenera, que es su hábitat espiritual.

Lo que Quinto tendrá que demostrar es que la ciudad puede confiar en sus humildes, paso indispensable para limar desigualdades. Una alcaldía notable, para la que está preparado, abrirá puertas para los Quintos del futuro, y eso no puede sino ser bueno para Cartagena de Indias.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

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