Rodolfo Segovia S.

Esperando a Godot

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
octubre 25 de 2013
2013-10-25 01:13 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc35d70138.png

No alcanza a sainete, es apenas un entremés. Con todo, el presidente Uribe suscita suspenso y conjura una alta dosis de interés de los medios, incluso en las primeras páginas. Hueca es, sin embargo, la premisa de que la convención programática de estos días vaya a seleccionar, tras convincentes discursos de los postulantes, al candidato creíble del Uribe Centro Democrático.

En vida de don Sancho Jimeno, campeón cartagenero contra los piratas en 1697, tuvo lugar un prolongado forcejeo por el trono de España.

En esos tiempos, Carlos II, el Hechizado, rey enfermo y enclenque, marchaba hacia la tumba sin haber engendrado heredero. Las cortes europeas daban vueltas y revueltas ensalzando los méritos de candidatos a la sucesión, esperanzadas en poder influenciar la escogencia.

Todo el mundo sabía, empero, que los favoritos del rey moribundo estaban en la paga de Luis XIV y entronizarían a su nieto Felipe. A la postre, se fueron a las manos.

La Guerra de la Sucesión Española ensangrentó a Europa durante doce años (1701-1713). Por estos lares, el conflicto echó a pique al galeón San José (1708), cargado de tesoros.

En la convención de Corferias no se prevén contusos, pero no deja de intrigar la sicología de candidatos que se desgastan en singular combate, mientras el organizador de la justa guarda in pectore su preferencia.

Méritos tienen a plétora, unos más que otros, lo que les hace falta son votos. Con mucha brega lograrían quizá ungirse alcaldes de su pueblo.

Votos es la especialidad del patrocinador. Por lo tanto, no les ha quedado bien a los postulantes irse de lengua en excesos de fervor, para expresar disgusto con reglas de juego que Álvaro Uribe se ha cuidado mucho en bendecir personalmente. Para eso está Fabio. Como Godot, se hace esperar.

Abróchense muchachos, el domador se reserva el derecho de cambiar de aro. Y nada de maniobras chuecas en el circo, las mangualas entre los postulantes descalifican.

El patrimonio político electoral es propiedad privada, cuya transferencia no está garantizada aun con la anuencia de su dueño.

Mucho depende de las calidades del receptor, de su peso específico. Álvaro Uribe llega a Corferias con el densímetro en la mano. Su propósito es sopesar los ingredientes de un futuro gobierno que le respete a él (sería infamante decir que le obedezca), prolongue la vigencia de unas ideas y le dé juego para influenciar decisiones desde el Congreso, que será su escenario. Esa es la meta mínima.

La reelección de Juan Manuel Santos lo condenaría a competir en la oposición con el senador Robledo.

Corresponde a los agraciados del momento aplicarse el ‘conócete a ti mismo’ del pronaos del templo de Apolo en Delfos. Y recordar ese otro aforismo sobre cómo el hábito no hace al monje. El que salga va a ser medido en la pantalla chica, y el ser ungido presunto abanderado ‘Uribe-centrista’ no confiere carisma.

Sería una falta de respeto con el pueblo colombiano pedir que trague entero y salga a elegir una marioneta, con o sin el retrato del presidente como telón de fondo. La lógica de la adelantada escogencia de candidato, ahora y no en marzo, es tener tiempo de aplicar el galactómetro, no sea que, ya caballero de reluciente armadura, resulte leche aguada y no cuaje.

De la convención saldrá quizá una propuesta, no todavía un adalid.

A los implorantes de estos días no les queda sino sentarse en sus bancas y, como en el teatro del absurdo, esperar a Godot, por si llega.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado