Rodolfo Segovia S.

Juegos geopolíticos

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
noviembre 28 de 2014
2014-11-28 03:13 a.m.
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La caída del 35 por ciento del precio del petróleo desde junio pasado es un clásico ejemplo de respuesta del mercado cuando la oferta excede la demanda de manera continua. Se había demorado el ajuste al aumentar los inventarios en más de un millón de barriles durante el 2014. En los entretelones económicos hay, sin embargo, juegos geopolíticos que impactan la corrección y que hacen las delicias de amigos dados a las teorías conspiratorias. En el vértice están EE. UU., principal responsable del exceso de oferta, actual y futura, y que podría equilibrar el mercado alrededor de 100 dólares por barril con solo imponer una tasa a los riesgos ecológicos del fracking.

No va a suceder, y no por animadversión hacia los verdes. Estados Unidos tiene interés en precios bajos porque aún son importadores de más de un tercio de su consumo y porque el combustible barato estimula la demanda interna y consolida su recuperación. Por las mismas razones, coadyuvan a que sus aliados europeos salgan de la recesión. Precios bajos son, además, un poderoso instrumento de política exterior: desequilibran a Rusia, reblandecen a Irán y arruinan a Venezuela y sus clientes. Recortan las garras de Rusia, país en fase aguda de hidrocarburos narcóticos, y frenan su política contestataria del status quo pos disolución de la Unión Soviética. Precios altos como los de antes de junio pasado facilitaron la humillación de Georgia, la desmembración de Ucrania y el aplastamiento de Chechenia. Petróleo a huevo es más eficaz que tímidas sanciones.

La Arabia Saudita y sus aliados del Golfo Pérsico son el otro elemento estructural geopolítico. Extraen el 60 por ciento de los 31 millones de barriles que produce la Opep. Dentro de la afectada cordialidad de la organización, temen la ambición iraní de convertirse en la potencia regional. Recelan, ellos sunitas e Irán chiita, el peso de 80 millones de habitantes y una cultura milenaria.

A pesar de estar bajo el paraguas de la 5º Flota en Bahrain, lo último que desean es un vecino con la atómica. Precios bajos, más sanciones, quizá inclinen Irán a ser maleable en las negociaciones. Israel, desde la barrera, observa vivamente interesado como candidato a ser el primer destino de la bomba.

Los aliados del Golfo han decidido que, con capacidad para aguantar, defenderán su parcela de mercado. Saben, por demás, que hubiesen sido casi los únicos en recortar barriles para que el resto de la Opep fuera en coche. Razonan que un periodo de ajustes es sano y desestimula la producción marginal, ese último barril que determina el precio. “La caída de los precios se estabilizará por sí sola”, ha dicho el ministro de petróleo saudí, Ali Al-Naimi. Le apuntan especialmente a desestimular las arenas bituminosas del Canadá, la exploración bajo el Ártico y al petróleo de esquistos. Esto último podría resultar ilusorio, dada la velocidad con que están disminuyendo los costos del fracking en Eagle Ford y el Bakken.

Venezuela es otro cuento. Con precios bajos no hay sino que sentarse a esperar que colapse y arrastre sus clientes del Alba y Cuba.

Es mucho lo que, en materia energética, une a EE. UU. con sus protegidos del Golfo Pérsico, aunque se sacrifica a otros aliados con dependencia petrolera, como México, al borde de una explosión sociopolítica. Don Sancho Jimeno cavila en 1697 desde su atalaya de Bocachica sobre los enmarañados enredos geopolíticos de las cortes europeas al aproximarse una sucesión sin heredero del trono español. El premio era grande y los riesgos también. En 1701 se desató una gran guerra atlántica.

Rodolfo Segovia

Exministro de Hacienda
rsegovia@axesat


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