Rodolfo Segovia S.

Mensajes que hacen falta

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
mayo 09 de 2014
2014-05-09 01:01 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc35d70138.png

Los aspirantes a la Presidencia han distribuido labia sin lograr solidificar sus mensajes. La paz, por ejemplo, tema central de la campaña, se ha empantanado en consejas. El secreto de las conversaciones da para todo: impunidad y curules para las Farc; republiquetas agrarias a su cargo; constituyente con borrón y cuenta nueva. Ayudaría un instructivo sobre la naturaleza de la sociedad posconflicto. Claridad en el mensaje hace falta, pero no es lo único.

El crecimiento económico ha tenido pocos dolientes. Y tampoco los ajustes al modelo para distribuir con equidad y provecho los beneficios de la prosperidad. Solo se oye hablar del reparto de las rentas de la minería en dádivas y subsidios para acallar a los más gritones. La política económica amerita un mejor debate.

Sin siquiera haber llegado a la mayoría de edad, Colombia es ya prisionera de intereses especiales alérgicos al cambio. Traban la modificación de viejas prácticas y amarran recursos impidiendo su mejor utilización. Un ejemplo es la internacionalmente no competitiva industria cafetera que, todo parece indicar, el resto de los colombianos deben llevar a cuestas indefinidamente. Y detrás del café, numerosas actividades agrícolas que sobreviven con subsidios. Alguien podría levantar la voz por el consumidor urbano que paga los platos.

Existen también obstáculos culturales de reciente cuño que requieren ajustes. Uno de ellos es la religión ecológica que, como la saria musulmana, condena a la lapidación de los no creyentes. A su lado, se yergue el embeleco de las comunidades cuyo chantaje entraba soluciones razonables que tengan en cuenta el bien común. Y habría que hablar con más vigor sobre un fragmentado y corrupto sistema político del que no se pueden esperar soluciones, y de cómo los colombianos, hastiados por la ausencia de esperanza en el colectivo, tienden a identificarse, cada vez más, con la membrecía en algún grupo de interés especial. Dígase el Mira o un sindicato, o una barra de fútbol. Se han escuchado ideas, pero muy en sordina.

La sal se corrompe. Los comentaristas sí reclaman, pero para efectos de las elecciones parecería que la justicia en Colombia pasara por su mejor momento. Lejos de ello, y sin seguridad jurídica no hay desarrollo sostenible. Aparte de la corrupción, hay millones de procesos civiles acumulando polvo en los anaqueles de los juzgados, ruedas de molino en la cerviz de la actividad empresarial. Pesa también la proliferación de abogados –el más alto número per cápita en las Américas– escupidos con diploma a los estrados por universidades de pacotilla. ¿Será que alguien propone limitar cuántos se pueden graduar al año?

La retahíla podría continuar. Colombia ocupa un puesto mediocre entre los países que facilitan los negocios. El papeleo heredado de la Colonia, más aportes de sofisticación moderna, ahuyentan a quien quiere formalizarse y frena el crecimiento del ya establecido. El país es todavía demasiado subdesarrollado para hundirse aún más en vicios de asfixiante regulación, que ahogan a países como Italia.

Don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, apunta, de plácemes, que la educación, en cambio, camina sobre alfombra roja en esta campaña presidencial, por primera vez en la historia moderna del país. Casi todos los candidatos están de acuerdo en el mismo programa a largo plazo, con metodología bien definida y lo colocan a la vanguardia se sus propuestas. ¡Enhorabuena!

Rodolfo Segovia

rsegovia@axesat.com

 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado