Rodolfo Segovia S.

Los motivos del lobo

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
junio 20 de 2014
2014-06-20 04:48 a.m.
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Los analistas coinciden en afirmar que al presidente Santos lo eligieron votos del centro moderado, del embrión de una izquierda democrática y de mamertos irredentos. Y, claro, los de barones electorales de diversa especie, perezosos en la primera vuelta, que salieron asustados a reivindicar su modus vivendi. El primer grupo habló pestes de Juan Manuel hasta el 25 de mayo y optó por acompañar otros candidatos. El 15 de junio, la paz los aglutinó del lado del Presidente, si bien con fuertes reticencias sobre casi todos los demás elementos de su Gobierno.

La paz tiene implicaciones políticas de largo plazo puesto que sin extirpar el cáncer de las Farc, la izquierda no tiene chance alguno de ser elegida a casi nada. Qué mayor evidencia que los curiosos comicios colombianos: la derecha se enfrentó al centro derecha, eufemísticamente llamado Tercera Vía. Singular confrontación que no se da por estos tiempos en ninguna otra democracia, ni siquiera en los Estados Unidos.

En nuestra América, por ejemplo, hace ya lustros que, aún donde las elecciones son amañadas, los partidos se alinean a ambos lados del centro y más o menos alejados de él. Bastaría un muestreo de los aportes a las campañas para descubrir la curiosa naturaleza de la polarización en Colombia.

Las Farc son las responsables de la propensión derechista colombiana. El rechazo universal de los métodos con que pretenden imponer su ideología totalitaria ha empujado al país hacia la derecha. El elector no necesita estar convencido de las virtudes de la economía de mercado y la ortodoxia fiscal para votar conservadoramente.

La desviación a la izquierda se identifica como imperdonable apoyo a la guerrilla. La clase dirigente ha, por demás, dosificado con inteligencia el temor ‘farquiano’ con un discurso sobre la desigualdad y una acción social cada vez más incluyente para los estamentos capaces de acción política.

En la paz está el soltar amarras. Así lo ha entendido toda la izquierda. Incluye el componente idealista, puesto que la paz es un bien en sí, pero para el cálculo político lo esencial es eliminar el súcubo que ha envenenado y empobrecido a la nación durante 50 años. Daño al que se suma la doctrina de todas las formas de lucha del marxismo vestido por Arturo Calle.

La paz y el desarme de la guerrilla abren nuevas vistas para llegar al poder. Tomará tiempo reacomodar al electorado y, sobre todo, será necesario virar al centro y deslastrar extremos irrecuperables. Ese es el deseado panorama que indujo a tragarse el sapo en la segunda vuelta. El arco iris podría estar a la vista, como en El Salvador o en Uruguay, sin pasar por colectivismos policiales y quebrados.

El descrito es el escenario ideal, aunque las Farc mismas pueden tener otras ideas sobre cómo tomarse a Colombia vía urnas. El semanario Voz las aplaude in pectore. Su objetivo no es exactamente pluralista. Con las naves del barón de Pointis que atacaron Cartagena en 1697 navegaban bajeles de Haití tripulados por bucaneros.

El objetivo del barón, corsario financiado hasta por el mismo Luis XIV, era tomarse la ciudad y cobrar un rescate civilizado dentro de las leyes de la guerra al menor costo posible. Don Sancho Jimeno se opuso con más valentía que medios. Rendida Cartagena, traicionada dicen algunos, de Pointis obtuvo lo suyo y se retiró satisfecho. No así los bucaneros que se sintieron birlados y la saquearon hasta el último badajo. Habrá que ver a que se apunta la izquierda.

Rodolfo Segovia
Exministro-Historiador

 

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