Rodolfo Segovia S.

Óptima asignación de recursos

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
septiembre 13 de 2013
2013-09-13 04:23 a.m.
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Tanto los Medias Rojas de Boston como los Dodgers de los Ángeles son firmes candidatos para enfrentarse pronto en la Serie Mundial de Béisbol. Tienen casi asegurado su paso a la postemporada. Llegar a ello después de sus mediocres campañas el año pasado (la de Medias Rojas, catastrófica), es una lección en óptima asignación de recursos.

Una precisión: los equipos de grandes ligas son empresas privadas. Sus dueños, aparte de suscitar orgullo cívico y dar felicidad a sus hinchas (solidaridad social empresarial), atienden al Estado de pérdidas y ganancias. Contabilizan ingresos en tiquetes, contratos de televisión y venta exclusiva de souvenirs, y asientan costos, principalmente salarios de jugadores.

Ahora bien, en agosto del 2012 Medias Rojas y Dodgers sorprendieron con el más colosal negocio en la historia del béisbol. Los primeros cedieron y los segundos aceptaron US$250 millones de cinco años en salarios de estrellas, todas de primer orden, que en Boston no estaban rindiendo y pesaban en el P&G. Los Dodgers, con nuevos dueños y un mercado subexplotado (Los Ángeles es una de las mejores plazas de EE. UU.), pensaron que los atletas tenían mucho aire y energizarían la hinchada.

El riesgo era de cuidado. En las Grandes Ligas se aplica un sistema de multas cuando los equipos exceden el máximo permitido en los salarios promedios para la temporada. Los Yankees de Nueva York son campeones en hacerse multar. Han pagado US$253 millones en la última década, con poco que mostrar. Desde que se implantó el sistema en 2003 han ido una vez a disputar la Serie Mundial, mientras que en los primeros 100 años fueron 39 veces a luchar el título. No basta ser rico, cuenta la buena asignación de recursos.

Los Dodgers añadieron más nómina de calidad a lo adquirido, al punto que, con salarios por valor de US$234 millones este año, pagarán US$29 de multa, la más alta del béisbol, mientras los Yankees están desembolsado, quizá en vano, US$10. Una notable adquisición es el joven desertor cubano, Yasiel Puig, prodigio que dará de qué hablar. Los resultados han sido sufridos. A la mitad de la temporada los Dodgers andaban de últimos en su división, pero despertaron y ya no hay quien los alcance.

Los Medias Rojas tomaron otra ruta, escaldados quizá por la frustrada y costosa lluvia de estrellas. A partir del excelente núcleo que conservaron, fueron adicionando piezas escogidas y no necesariamente onerosas, que se ajustaran a su sistema de juego y contribuyeran a la armonía en la oficina –la cueva– (dugout), donde se reúnen mientras esperan turno para batear en cada episodio. Contrataron, además, un gran gerente de campo, capaz de inspirar a sus colaboradores. Resultado: los Medias Rojas no han abandonado la punta en casi todo el año.

En la bruma del pasado, casi en tiempos de don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, Medias Rojas y Dodgers, entonces Brooklyn Robins, se enfrentaron en una Serie Mundial. Era 1916 y, por entonces, los de Boston dominaban el béisbol organizado, habían ganado tres de las últimas cuatro series. Con su lanzador estrella, Babe Ruth, Medias Rojas triunfaron una vez más. En aquellos tiempos, a menos que el pitcher se desmayara en el montículo, prácticamente no existían relevistas. El Babe permitió solo una carrera en 14 estoicos episodios. Se fue en blanco al bate. Dos años después, lo vendieron a los Yankees para pasar a la leyenda como jonronero. Nació la Maldición del Bambino, pero eso es otra historia.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador rsegovia@axesat.com

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