Rodolfo Segovia S.

Petróleo: presente

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
agosto 28 de 2015
2015-08-28 12:26 a.m.
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Colombia, con esa innata propensión a la tragedia, ha dado por muerto al petróleo. No hay que exagerar, colea aún. La desmoronada de los precios asusta, pero no es el fin. Era el 55 por ciento de las exportaciones y el 20 por ciento de los ingresos fiscales, y su contribución se ha reducido a la mitad, pero es todavía mayor que la de cualquier otro renglón de la economía.

Mil millones de barriles por día son muy respetables, así sea a 47 dólares por barril, además de que el precio cura el precio y, por lo tanto, va a reaccionar. Por otra parte, Ecopetrol no está al borde de la quiebra. Su presupuesto de inversión es aún muy apreciable y está dedicado a la exploración y producción. El señor Ministro de Hacienda no ha de olvidar su promesa de inocular las inversiones de la empresa contra angustias fiscales. Su prudencia para abstenerse de zarpazos es prenda de sabiduría. Don Sancho Jimeno, el enhiesto héroe de Bocachica contra los piratas en 1697, había aprendido que cuando el rey decomisaba las remesas privadas de metales preciosos al llegar a España porque las guerras iban mal, la extracción en América se resentía.

Se podría, entre tanto, aprovechar el trance para rediseñar el papel del petróleo en la economía nacional. Para un país, las crisis son fructíferas cuando enseñan. Se debería aprender que las bonanzas no son eternas y que la mermelada no hay que untarla tan espesa. Si el Estado hubiera ahorrado en los buenos tiempos (como parcialmente lo hizo el Banco de la República), el país se hubiese evitado varios grados de calentura en la ‘enfermedad holandesa’ y un aterrizaje cambiario más benigno. Sobró voracidad política y faltó previsión.

Cabe aplaudir el actual esfuerzo de la ANH para que el mucho petróleo y gas que hay todavía por descubrir (o de mejorar su recobro) no se queden durmiendo a pierna suelta. Ha actuado con rapidez en mejora de la competitividad de Colombia para atraer capital, que tiene la doble ventaja de vigorizar la muy alicaída balanza de pagos y fortalecer las menguadas reservas de crudo (se agotan en aproximadamente 7 años) para seguir exportando a los niveles actuales o más.

Las medidas de la ANH han pasado de agache, pero vale la pena mencionar algunas tan imaginativas como conceder régimen de zona franca a la exploración, en especial a la costosa y de largo plazo exploración costa afuera. También ha ampliado el plazo de vigencia de las concesiones, ha simplificado trámites y flexibilizado las garantías, previa y más severa investigación de los proponentes.

El Ministerio de Hacienda, por su parte, ha dispuesto, dentro de los límites de la Ley de Regalías, congelar estas al mínimo para producciones incrementales con el objeto de estimular una mejor y mayor extracción de crudo desde las concesiones y contratos de asociación en marcha. Faltaría revisar los excesos (ya reconocidos) de la última reforma tributaria. Los neotributos golpean duramente las empresas de petróleo, intensivas en capital, y desestimulan la inversión.

Quizá haya más por hacer mientras se endereza el mercado petrolero y se supera el golpe a los presupuestos de la industria, pero es claro que se ha reaccionado con presteza. Aún urge que otros molondros organismos del Estado, excluidos Hacienda y Energía, se pellizquen ante la emergencia. No hay señales: el inmovilismo y la obstrucción siguen rampantes.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

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