Rodolfo Segovia S.

Preocupación petrolera

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
julio 04 de 2014
2014-07-04 03:32 a.m.
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Hace bien el Gobierno en preocuparse por el declinar de la producción de petróleo. Ingresos derivados de la industria representan el 20 por ciento del presupuesto nacional (más regalías para las regiones), y la exportación de crudo es la mitad del total nacional. Justifica la creación, ya insinuada, de un Comité Nacional de Hidrocarburos (como aquel obsoleto del café). Se llegó al millón de barriles diarios, pero la dicha duró poco. La han saboteado la insurgencia, la lentitud de las licencias ambientales, la irracionalidad, el chantaje de las comunidades y, en ocasiones, la desidia administrativa. Consuela que la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) funcione como un reloj.

Hay dudas razonables sobre la sostenibilidad del millón de barriles diarios de producción (365 millones al año), con las reservas probadas disponibles. Los 2.350 millones no van muy lejos, menos de 7 años. Desde los tiempos gloriosos de Caño Limón (1983) y Cusiana-Cupiagua (1988-1992), Colombia no ha vuelto a gozar de ‘vacas gordas’.

Se han encontrado a raíz de las reformas en la política petrolera del 2002- 2003 muchas acumulaciones medianas y pequeñas, y se ha mejorado el recobro de campos existentes, pero nada digno de aparecer en los despachos de la prensa especializada. Lo de la ANH ha sido vital para atraer con imaginación, transparencia y mercadeo inversiones hacia una geología mediocre. No puede sola. El Gobierno tiene que meterle el diente como parece estar tratando de hacer, y debe institucionalizar los mecanismos de destrabe.

Por el momento, el precio del petróleo es muy posible que, como lo ha dicho el señor Ministro de Hacienda, venga al rescate de pasajeras deficiencias. Va a compensar con creces los barriles perdidos.

Desde hace unos años, se ha escrito mucho sobre la revolución del petróleo atrapado en esquistos y liberado por medio de fracturación hidráulica en EE. UU. Las expectativas aterrizan. La tasa de crecimiento del petróleo de esquistos viene bajando y es casi seguro que su pico de producción sea cosa del pasado. Drásticas revisiones modifican las fantasiosas cifras de reservas económicamente recuperables. El negocio no ha sido tan bueno para sus inventores. Están lejos de recuperar lo invertido. Ha sido un portento tecnológico con categoría de milagrito, no de resurrección.

De seguro, por supuesto, existe petróleo y gas de esquistos en muchas partes del mundo, incluida Colombia, pero dadas las enormes inversiones y la infraestructura e institucionalidad necesarias, van a pasar muchos años antes de que su explotación sea tecnológicamente viable.

No se avizora, a pesar de la burbuja de los esquistos, cómo, a los precios actuales, se van a encontrar los 5.000 mil millones de barriles anuales de reservas necesarias para continuar supliendo las necesidades mundiales a la cotización de hoy. Con la oferta frenada o declinante, el desbalance en la demanda solo se corregirá con aumentos de precios. A mediano plazo, y a pesar de los progresos en energías alternativas, el precio tiene que subir para equilibrar las cargas.

Es la oportunidad de Colombia si, con diligencia, consigue mantener, y quizá aumentar, el millón de barriles diarios. Y, mientras tanto, como el mundo es inestable, sobre todo donde se acumulan las mayores reservas de crudo, a este país del Sagrado Corazón desde los tiempos de don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, le están cayendo de perlas sobresaltos en el Cercano Oriente, ahora por cuenta de Estado Islámico de Iraq y Siria.

Rodolfo Segovia

Exministro -Historiador

rsegovia@axesat.com

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