Rodolfo Segovia S.

Punto de flexión

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
julio 18 de 2008
2008-07-18 01:12 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc35d70138.png

La transferencia de riqueza de países consumidores a países productores de petróleo, suma miles de millones de dólares diarios. Hasta hace menos de cien años, el cambio de manos de un tesoro de tal magnitud era solo concebible como secuela de una guerra feroz. El despojo llegaba con la derrota. Pero es tal el poder del concepto moderno de crecimiento económico, que hoy sin que misiles surquen los cielos, se acepta pasivamente como un hecho pasajero. Países ricos y con la capacidad militar para reaccionar, consideran que ahorro de energía y unos puntos de aumento de su PIB enderezan las cargas. ¡Extraño mundo!

Mundo doblemente extraño, cuando se constata que ni existe ni ha existido escasez de petróleo. Diariamente se extraen del planeta, 88 millones de barriles de crudo y se consume, aproximadamente la misma cantidad. El pánico que empujó los precios no era tanto sobre el petróleo de hoy, como sobre el que podía faltar mañana. A partir de esa hipótesis, el dinero fácil de un mercado de capitales laxo se aparcó en la curva de los precios ascendentes, a través de instrumentos imperfectamente regulados. Hechos de ayer.

Detrás de las cuentas alegres existían, sin embargo, realidades subyacentes. La capacidad en reserva de países petroleros no llegaba al 5 por ciento de la extracción global. La estrechez del margen de maniobra alimentaba la ansiedad de los refinadores. Un comando en el delta del Níger, una amenaza israelita contra Teherán, o dudas sobre lo sustentable de las exportaciones rusas, ponían a temblar, no tanto por lo que estaba pasando, sino por lo que podía pasarle al consumidor, mientras le transmitían los aumentos sin que se inmutara. El precio del petróleo siguió de largo. Además, en el trasfondo, la teoría de la producción pico de petróleo que pronostica su inevitable declinación, estuvo sirviendo para apuntalar los precios. Doctos analistas la estiman en 100 millones de barriles diarios. Es el irreprimible pesimismo de los herederos del Club de Roma, pero no es cierto. Crudo hay y mucho. Lo que podría estar faltando es la voluntad de explotarlo.

En efecto, los gringos se resisten a sacarlo de yacimientos costa afuera en California o Florida, o del subsuelo de sus parques nacionales; los árabes dilatan inversiones en un recurso del que por el momento no necesitan más; a México y Venezuela los paralizan reflejos nacionalistas y ni rajan ni prestan el hacha; Rusia esquilma la gallina de los huevos de oro con impuestos desde el Kremlin; Irak busca estabilidad para explotar reservas enormes e Irán prefiere la bomba a la bonanza. Lo que hace falta es geografía política, no petróleo.

Mientras tanto, el consumidor parece aprestarse a la revuelta. Se dobló el precio del crudo en un año, pero el sapo no se percata de que le están calentando la olla hasta cuando queda panza arriba.

Pero llegada la pausa, es de esperarse que la revolución cualitativa de los próximos diez años, sea tan profunda como la de hace tres décadas a raíz de los primeros shocks. Se reducirá de nuevo y dramáticamente el uso de hidrocarburos por unidad de producto.

Ahorro habrá, y también quizá desarrollo acelerado de fuentes alternas de energía.

Don Sancho Jimeno piensa que es cuestión de tiempo. Después de fajarse contra los piratas de 1697 en el fuerte de San Luis de Bocachica, le llegó al trono español una nueva dinastía con un programa, la reforma del Estado. Las transformaciones borbónicas fueron lentas y él murió en 1713, antes de que se vieran resultados. Sabía, sin embargo, que una vez se echa andar la maquinaria del cambio la inercia la lleva muy lejos. Así fue en la América del siglo XVIII, y así le sucederá, sin misiles, al petróleo de ahora.

rsegovia@axesat.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado