Rosario Córdoba Garcés

Educar, ¿para qué?

El Gobierno, con la reforma, busca hacer de Colombia un país más competitivo.

Rosario Córdoba Garcés
POR:
Rosario Córdoba Garcés
mayo 03 de 2011
2011-05-03 12:42 a.m.
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El proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992, que presentó el Gobierno, desató el debate respecto al tipo de universidad que debería tener Colombia: la universidad del siglo XIX, basada en la reformas de Humbolt, en la que coexisten la cultura de las humanidades y la cultura científica, en la que se impone la libertad interior frente a la religión y el poder, y en la que se cuestiona al mundo, la naturaleza, la vida, el hombre y a Dios; o la universidad de mercado, dirigida a promover habilidades y competencias comunes para todas las personas con el fin de prepararlas para competir en el mercado globalizado.
Los cambios propuestos por el Gobierno van en este último sentido.
El Gobierno, con la reforma, busca hacer de Colombia un país más competitivo y próspero, capaz de producir bienes y servicios con mayor valor agregado, basados en el conocimiento e innovación.
Para lograrlo, el proyecto propone mejorar la calidad, disminuir las brechas y aumentar la cobertura de educación superior a un 50 por ciento. Sugiere. además, la participación del sector privado, con ánimo de lucro, en la prestación del servicio de educación superior.
Quienes defienden la universidad del siglo XIX argumentan que el Gobierno, no sólo mercantiliza la universidad, sino que vulnera la autonomía universitaria que consagra la Constitución y que permite la libertad de cátedra, de investigación, de crítica, de proponer concepciones de la sociedad y del Estado que puedan superar las ideas de los gobiernos. 
El debate, sin embargo, no es sólo local. Se está dando en todas las latitudes y fue eje central de las discusiones que tuvieron lugar en la reunión del Foro Económico Mundial de América Latina, que se realizó en Río de Janeiro la semana pasada. 
Las condiciones de desigualdad y pobreza que enfrentan los países en desarrollo, producto en buena parte de las inequidades en los sistemas educativos, y Colombia no es la excepción, obligan a los gobiernos a actuar rápidamente. Para avanzar hacia una economía más competitiva y próspera, hay que mirar la educación desde la perspectiva de la productividad del trabajador y capacitarlo para el mercado.
En otras palabras, prepararlo para que pueda agregar valor en el lugar de trabajo y para que pueda aprovechar las oportunidades que genera la economía globalizada. 
En este sentido, la propuesta del Gobierno es más que bienvenida.
Sin embargo, no podemos quedarnos en el debate.
Una forma de dirimirlo es acatar la propuesta de Ascun, que propone separar en la Ley, la educación profesional universitaria de las de otras IES; la técnica, tecnológica y la educación para el trabajo, la no formal, etc.
Esto permitiría la coexistencia de los dos tipos de educación superior y se lograría el propósito que busca el Gobierno de educar a la población para la productividad y la competitividad.

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