Rudolf Hommes Rodríguez

Atraso industrial

Rudolf Hommes Rodríguez
Opinión
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
mayo 09 de 2016
2016-05-09 06:54 p.m.
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La industria colombiana está muy atrasada, pese a que ha dado señales de recuperación y en febrero de este año creció a una tasa récord de 8,2 por ciento). Ese retardo es una de las razones por las cuales no ha aprovechado las ventajas del TLC con EE. UU.

La mayoría de los sectores que experimentaron crecimiento significativo en exportaciones al mercado estadounidense en el 2014 y el 2015, según Portafolio (5/5/2016), son aquellos que no han avanzado suficientemente en tecnología o no la necesitan. Eso nos conviene en el corto plazo, pero no garantiza que sigamos exportando esos productos. Muchos otros países lo hacen, algunos con artículos más competitivos. Lo mismo se puede decir de nuevos productos que han ingresado a ese mercado.

El otro peligro es que en EE. UU se vuelvan a producir bienes que hoy se importan. El mercado mundial y, sobre todo, los métodos de producción están experimentando cambios radicales, inducidos por avances significativos en tecnología, para los cuales no están preparados los empresarios colombianos, y que requieren que el país dé un gran salto adelante en muy corto plazo para ponerse al día. La desindustrialización no solo es problema de aranceles y tasa de cambio, sino de información y conocimiento. El mundo vive una nueva revolución industrial y nuestro futuro industrial y productivo depende, ahora más que nunca, de que las escuelas de ingeniería, química y ciencias físicas y biológicas sean capaces de trasmitir esa información a los sectores productivos.

La manufactura de zapatos es un ejemplo de lo que está pasando afuera y de cómo nos puede afectar: en el 2012, los ingenieros de Nike modificaron una máquina de tejer suéteres para hilar en una sola pieza la parte superior de un zapato, utilizando una mezcla de materiales sintéticos y naturales. También han desarrollado otra tecnología de manufactura aditiva para hacer la parte inferior del calzado. Estos dos desarrollos juntos hacen innecesario el proceso de manufactura tradicional, que implicaba sentar a miles de trabajadores en grandes fábricas a cortar, coser y pegar las partes de un zapato. Ahora, lo pueden hacer con muy pocas piezas, de forma casi automática. Eso quiere decir que pueden producir zapatos cerca a los centros de consumo sin tener que fabricarlos en Indonesia o China. Adidas ya está produciendo ese calzado en Alemania (ver John Koten, A Revolution in the Making, Wall Street Journal Reports: Leadership, 6/10/ 2013).

Las implicaciones de ese cambio son dramáticas. La industria de zapatos va a abandonar la periferia. El menor costo laboral ya no va a ser un factor que determine su localización. Las tecnologías de producción aditiva, como las que usan las llamadas impresoras en 3D, hacen posible producir localmente lo que antes se tenía que importar. Se van a cerrar grandes mercados de exportación y, a la vez, aparecen oportunidades para sustituir importaciones que se pueden manufacturar en casa. Eso va a cambiar las posibilidades y los retos que tendremos que enfrentar y para los cuales no estamos preparados. Las escuelas de ingeniería no están respondiendo a esta necesidad.

Rudolf Hommes
Exministro de Hacienda
rhommesr@hotmail.com

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