Rudolf Hommes Rodríguez
columna

Desarrollo rural

El modelo de desarrollo rural, contenido en el acuerdo con las Farc, deja por fuera un componente muy importante.

Rudolf Hommes Rodríguez
Opinión
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
septiembre 18 de 2016
2016-09-18 05:00 p.m.
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El modelo de desarrollo rural, contenido en el acuerdo con las Farc, no se refiere a todos los problemas del sector rural y deja por fuera un componente muy importante que es, cómo aprovechar mejor el potencial del ramo agropecuario, que es el que brinda la oportunidad más promisoria que tiene el país para generar crecimiento y riqueza en relativo corto plazo.
 
El mayor acceso a la tierra, previsto para los pequeños campesinos, es una manera de aprovechar rápidamente parte de ese potencial, porque los pequeños productores utilizan la tierra de forma más eficiente que los grandes, como lo han documentado José Leibovich y sus colegas en Colombia y otros en distintos países. El mayor acceso no tiene que limitarse a tierra propia. Por alguna razón, la productividad del productor campesino es mayor en tierra arrendada.

Pero, para que tenga éxito, se necesitan instituciones complementarias que provean riego, transporte, otros bienes públicos, asistencia técnica de forma efectiva, modalidades de crédito que no pongan en peligro la estabilidad económica del pequeño productor, acceso a maquinaria y a insumos, comercialización, y disponibilidad permanente de información e innovación en la tecnología de utilización de la tierra y los métodos de cultivar y comercializar. Se va a requerir un enorme esfuerzo de diseño y organización de los mecanismos que harán esto posible, y blindar a estas instituciones para que no caigan en manos de clientelistas.

Es posible que las cajas de compensación familiar puedan jugar un papel importante en este campo como gestores sociales de servicios para los campesinos y las empresas comunitarias. Podrían, por ejemplo, organizar los programas de asistencia técnica en las regiones hasta que la red de extensión agropecuaria pueda volar sola, y el crédito comunitario.

La provisión de servicios a los pequeños productores, como el suministro de maquinaria, son oportunidades concretas para el desarrollo de verdaderas empresas comunitarias complementarias, pero no van a surgir espontáneamente sin contar con un impulso oficial inicial. Estas empresas deben ser autosuficientes, no ser presa fácil de aprovechados, o tener que cargar con afiliados que quieran beneficiarse sin aportar.

Su organización, en un medio individualista, no es fácil. Sobre este tema se han publicado estudios famosos, como el de La lógica de la acción colectiva de Mancur Olson y los de Elinor Ostrom, premio nobel.

También existen numerosas experiencias en las que los problemas de gobernabilidad y cooperación de afiliados de empresas comunitarias se han resuelto, algunas de ellas en Colombia, pero también en Israel, Europa, Suiza, en particular, y en estados como Illinois, Indiana, Wisconsin y Minnesota, donde floreció un socialismo rural en el siglo XX.
Habría que acudir a algunas de estas organizaciones para que sirvan de mentoras de las que se gesten en el desarrollo del acuerdo de paz. Además, podrían ayudar a pensar cómo operarían en la Altillanura empresas de esta naturaleza compitiendo con las privadas. No podemos resignarnos a que esa región no se desarrolle porque no rajan ni prestan el hacha. Ya podríamos estar produciendo allá buena parte de los alimentos que se importan.

Rudolf Hommes R.
Exministro de Hacienda
rhommesr@hotmail.com

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