Rudolf Hommes Rodríguez
columnista

¿Qué sigue?

Hice el ejercicio de ponerme en los zapatos de otros colombianos para entender cómo los afectaría mi voto. La mayoría que imaginé se beneficiarían.

Rudolf Hommes Rodríguez
Opinión
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
octubre 02 de 2016
2016-10-02 01:18 p.m.
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En el artículo que escribí para el diario El Tiempo, publicado esta semana, hice el ejercicio imaginario de ponerme en los zapatos de otros colombianos para entender cómo los afectaría mi voto por el Sí, y si este recibe el mayor número de votos. Es una forma de ser menos subjetivos en las motivaciones para votar y de entender el alcance del voto (‘En el lugar del otro’, octubre 2, 2016). La mayoría de los personajes que imaginé se beneficiarían con el Sí. Quizás esto se debió a que gran parte de ellos son víctimas, o gente sencilla.

Por el contrario, si hago el mismo ejercicio con el No, ellos salen perdiendo. La señora que ha sido víctima de los violentos en Montes de María vuelve a quedar expuesta a la barbarie y el abuso. El policía corre mayor riesgo de que lo maten antes de pensionarse. La madre de los niños adolescentes no puede brindarles una esperanza sobre el futuro. El desplazado, que vive mal en Cazucá, no tiene la opción de escoger entre volver al campo o quedarse en Bogotá. El guerrillero seguirá en el monte y su papá continuará temiendo por la suerte de sus otros dos muchachos. El ganadero de Córdoba ya no tendrá que encaletar sus armas porque todo va a quedar igual. El piloto de la Fuerza Aérea va a seguir asustando civiles con su Kafir. Y el exprocurador pasará a competir con los que se postulan como candidatos del Centro Democrático a la Presidencia, entre los que figura un nuevo ‘Uribito’ a la delantera. El problema de todos ellos es que si se convoca una asamblea constituyente es posible que su jefe quiera repetir presidencia otra vez.

Si gana el No, se debilitaría la candidatura de Humberto de la Calle, que es el oponente que más molesta a Germán Vargas. Sergio Fajardo, que le pisa los talones, también saldría perjudicado por haberse comprometido a fondo con la paz. Esto dejaría a Vargas sin grandes contrincantes, aunque proliferarán otros candidatos de diversas afiliaciones y de izquierda. Uribe se podrá adjudicar el liderato de una mayoría que, quizás no le dure si se despeja el camino para la candidatura de Germán Vargas, uno de los que más se beneficiaría con un triunfo del No.

El No probablemente atraiga una nutrida votación. Aunque pierdan, estos votantes se congregarían alrededor de Uribe. Si se confirma que él ya tiene candidato, desertarán personajes como Martha Lucía Ramírez, que puede ser candidata conservadora, y otros. Por el liberalismo, se postularía de la Calle, sin el apoyo de Ernesto Samper, que ya descalificó esta candidatura. El principal candidato de izquierda sería Gustavo Petro, pero no va a ser el único. Sergio Fajardo será el candidato que represente el cambio y canalice cierto descontento intelectual. Puede ser una opción interesante por ser el más joven de los viejos, si no surge alguien nuevo.

Este panorama electoral no es radicalmente distinto del que surgiría si gana el No. Cambiarían las circunstancias y las probabilidades, pero no los personajes. Sin embargo, el ambiente de compromiso y renovación que se ha creado alrededor del Sí puede ser muy propicio para que surja alguien nuevo, menor de cincuenta años, que traiga aire fresco, galvanice a la opinión pública y dé una sorpresa.

Esa posibilidad de cambiar la política es razón poderosa para votar Sí.

Rudolf Hommes R.
Exministro de Hacienda
rhommesr@hotmail.com

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