Rudolf Hommes Rodríguez

Dura transición

Rudolf Hommes Rodríguez
Opinión
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
julio 13 de 2015
2015-07-13 01:14 a.m.
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En el primer trimestre del año, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos alcanzó el nivel negativo más bajo en más de dos décadas, superando los de los años 97 y 98, que habían sido los peores en la historia económica reciente del país. En esos mismos años, coincidió que el peso estuvo más revaluado en términos reales que en cualquier otro periodo, comenzaron a presentarse los mayores déficits fiscales y se dispararon las tasas de interés.
En la actualidad, el cuantioso déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos no vino precedido de un periodo de revaluación real como entonces, pero a pesar de que se estaba exportando petróleo a muy buenos precios, el desbalance de la cuenta corriente ha sido negativo y superior al 2 por ciento del PIB desde el 2006, año en el que se cerraron las puestas para exportar a Venezuela.
Desde el 2010 ha sido del orden de 3,5 por ciento en promedio. No se había tenido, previamente, plena conciencia de esto porque fueron años de cuantiosos ingresos de capital. La caída abrupta del valor de las exportaciones de petróleo y la devaluación superior al 40 por ciento anual han sido un rudo despertar.
Valdría la pena que el Banco de la República haga un estudio riguroso par entender, pero, mientras este aparece, hay observaciones que se pueden hacer, basadas en datos publicados: en el periodo 1987-2015, el índice de la tasa de cambio real, que afecta nuestras exportaciones menores, que publica el Emisor, tuvo un promedio superior en 8 por ciento al del 2010, que es el año base, y estuvo pocos periodos por debajo de 100 (cinco). La correlación entre las diferencias de este índice respecto al promedio y las de la cuenta corriente de la balanza de pagos, como proporción del PIB, es positiva y relativamente alta (60 por ciento). Algo similar ocurre en la relación entre la cuenta corriente como proporción del PIB y las exportaciones como proporción del PIB (correlación de 62 por ciento entre las diferencias), pero la tasa de cambio real no afecta tanto el nivel de exportaciones como proporción del PIB, como otros factores que no se controlan (la economía mundial, los precios de las materias primas, México, Perú, China, entre otros). La correlación entre el déficit fiscal y el de la cuenta corriente del balanza de pagos es positiva, pero débil (de 9 a 13 por ciento).
Lo más importante que se debe tener en cuenta es que para salir del hueco en el que nos encontramos se necesita que crezcan rápidamente las exportaciones de bienes industriales, agrícolas y servicios, y esto no se logra manipulando exclusivamente variables macroeconómicas. Todo el mundo se pregunta por qué no reaccionan las exportaciones como resultado de la devaluación. Probablemente porque la tasa de cambio no es la variable más relevante.
En una reunión, patrocinada por Bancóldex, en su nuevo rol de banco de desarrollo, el director de EDI (la agencia de Singapur de innovación para el desarrollo) y su equipo mostraron que el ingreso por habitante de ese país ha pasado de 450 dólares en los años 50 a 54.000 dólares, aproximadamente. Lo lograron, orientando la economía a ‘producir para exportar’, ascendiendo, año tras año, por las escalas de valor agregado y de tecnología para vender productos y servicios cada vez más sofisticados. Esa es la tarea en la que posiblemente nos pueda ayudar esa misma agencia.

Exministro de Hacienda
rhommesr@hotmail.com


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