Rudolf Hommes Rodríguez

Galán y la apertura

Rudolf Hommes Rodríguez
Opinión
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
agosto 24 de 2014
2014-08-24 09:49 p.m.
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Nunca sabremos con certeza si Luis Carlos Galán hubiera estado de acuerdo con la apertura. Nosotros mismos comenzamos con una idea menos atrevida y muy pronto tuvimos que modificarla. Antes de que Gaviria fuera elegido, Armando Montenegro y yo reunimos a un grupo de técnicos para preparar un programa económico de Gobierno que proponía, con bastante timidez, que se liberara gradualmente el comercio exterior.

Con nosotros trabajaban personas muy allegadas a Galán, por ejemplo, Ricardo Sala, con quien discutíamos lo que pensaba Galán respecto a la liberación del comercio y sabíamos lo que opinaban otras personas como Nora de Marulanda, Gabriel Rosas o Jorge Valencia Jaramillo, que eran proteccionistas. Galán, muy posiblemente, también lo era, por haber trabajado con ellos y muy cerca de Carlos Lleras, pero estaba en transición. Le preocupaba que Colombia no se estuviera preparando para la globalización.

Nuestra idea inicial era proceder con prudencia, pero acelerar lo que ya se había comenzado en el Gobierno de Barco, el paso de un grupo de productos de las listas de importaciones restringidas al régimen de libre importación, comenzando, astutamente, por productos como el semen de ballena y las varillas para corsés. Se proponía adjudicar las licencias de importación en subastas públicas. Esto lo considerábamos un avance sobre lo que existía, que consistía en que el Incomex adjudicaba, a dedo, las licencias de importación con un cupo de divisas que establecía la Junta Monetaria en concertación con el sector privado.

El presidente Gaviria nos sorprendió en su discurso de posesión, en el que anunció una disposición a ir más allá de lo previsto y se procedió, con mucha diligencia, a cambiar los instrumentos de protección. En Navidad de 1990 ya no había productos de prohibida importación y solamente 168 productos requerían licencia previa (3,25 por ciento del universo arancelario). En julio de ese año no habíamos pensado que esto iba a ser posible. Temiendo provocar una avalancha de importaciones, se decidió acelerar la devaluación del peso y se dio en la segunda parte de ese año un brusco salto en la tasa de cambio que provocó una alta tasa de inflación y propició un boom de exportaciones. El paso siguiente era reducir el arancel.

Se decidió hacerlo de forma gradual. Ello hizo que los importadores pospusieran sus importaciones y creó un problema monetario endiablado, por acumulación de reservas. El actual presidente Santos escribió un editorial en el que decía que la reducción gradual del arancel era como pasar el tráfico de Londres de la izquierda a la derecha, comenzando por los buses de dos pisos, y urgía acelerar el proceso.

Los dos últimos asesores de Junta Monetaria hicieron lo mismo públicamente. Gaviria viajó a Ecuador y regresó convencido de que no debía demorar más la apertura. En una noche se decidió rebajar el arancel de una vez por todas. Nadie hubiera podido prever estas secuencias y el desenlace que indujeron los acontecimientos. Si Galán hubiera sido presidente, las circunstancias pudieron haber sido diferentes, o pudo haber contado con un equipo económico distinto. Pero en las mismas condiciones, quizá, hubiera dado el mismo paso.

 

Rudolf Hommes R.
Exministro de Hacienda
rhommesr@hotmail.com


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